Briceida moja el piso de tierra, chispeando con una perolita de agua. El olor de la tierra mojada le genera un bienestar corto que la hace vibrar. Quiere que el piso de tierra de la casita esté lo más bonito posible. Ese piso es el mayor triunfo de Briceida.
Apisonar aquel suelo blando es como ordenar el Cosmos. Son las cinco en punto y ya el sol está bajando. Cumaná atardece con maestría caribeña.
Un novio risueño y tímido está ansioso de verla. Sentarse con ella en aquel porchecito es su anhelo y su alegría. Ni siquiera se toman de la mano. Los dos se contemplan, vigilados con ternura paternal por el piso de tierra que Briceida acaba de poner bonito.