Mi casa es la utopía de no saber existir en la nada, contracorriente, sin ambiciones, sin salidas, en la prensa
Incógnito entre matorrales silencioso, marginado del dolor de angustias de paredes extrañas de cabañas de dioses olvidados de paganos sudores de mediodía en que regresas a buscar la nada la inexistencia de ser
Agua, pozo de llovizna salada y misteriosa que atosiga y te fragmenta en desvaríos que son los poemas no expresados, expulsado del edén amenazado por querubines con todo y espada flameante por los siglos de los siglos por mil años de catarsis y de sueños
Confesados en un diván donde emanan fantasmas de la noche Ideas desquiciadas de personajes mal creados, imposibles de percibir desde la otra orilla donde está la salvación la redención de mil años
De ríos de vida que se extienden hasta el infinito y más allá
Sin límite de tiempo ni espacio en estas líneas que surgen del inconsciente poseso de la palabra que desborda en imágenes repetitivas tal vez porque todo está escrito dicen los sabios los que manejan el verbo desmedido o medido en fórmulas de escape
Deseo llegar al final incólume salvado de tanta exquisitez de tanto aroma de academias y de premios que no bastan para medir tu holgura, tus misterios de siempre y así contarle a mis hijos, los afanes de tanto decir adiós hasta la muerte.