Fuente
Bajo el rigor del inagotable tiempo, en mi viaje de huida pude escapar de un traicionero y fabricado delito, por un desgastante y fracasado amor.
Mientras corría ese lapso invisible, e implícito, ese período, ese mismo de aristas exactas, yo por gracia me choqué en el refugio, de unos brazos prohibidos, y velados.
Fue su atractivo y extraño aroma lo que me atrajo sin vacilación, o quizás fue la fragancia que deja el aspirar su tersa exudación sexual.
Para mí fue una increíble sorpresa, cuando ella audaz y demasiado atrevida apreciaba la redondez alrededor de mi cúspide, esa que dentro le provocaba espasmos por el fuerte placer de sus orgasmos,
Sentí pesar una hora después, porque dentro de su irreflexiva y calenturienta mente, se crearon impulsos desacertados para mí, cuando veloz bajó a los recovecos de la imparable marcha del reloj, que siempre estaba marcando el intangible, e impalpable Paso del tiempo y desesperaba por irse.
De ese trance solo me quedaba su excitante emanación, cuyo gusto además, me dejaba el placer de sentir el suave temblor en sus labios, y ese exquisito sabor a miel, por lo que me sobrevino un vulnerable intento de perderme astutamente dentro de la vibración de su rítmica energía para el orgasmo.
Aunque me quedé inerme a su belleza y al inequívoco y repetitivo placer que logra que mis torpes ademanes, muy confundidos circulen en bucles.
Lo único que borra por momentos mis temores junto a mi lamento por su inminente partida.
Es cuando abstraído observo su hermosura y disfruto del momento de placer y la duda nuevamente desaparece, junto al dolor por esta clausura forzada.