Cada día que amanece nos brinda cuatro maravillosas oportunidades: la oportunidad de aprender cosas nuevas, la oportunidad de olvidar cosas dolorosas, la oportunidad de enmendar errores cometidos, y la oportunidad de agradecerle a Dios por darnos cada día la oportunidad de tener nuevas oportunidades.
La vida está hecha de tiempo, por lo tanto no pierdas el tiempo, porque pierdes la vida.
Un día desperdiciado es un día de vida perdido que ya no podremos recuperar.
Cuando Dios nos creó sopló aliento de vida en nuestros pulmones, no aliento de muerte. Entonces dejemos de vivir para morir, y aprendamos a vivir para vivir.
Y vivir para vivir significa no desperdiciar ni un solo minuto de vida.