No es bueno que el hombre esté solo, y no es bueno que el hombre que está solo piense. La mente empieza a traicionarnos. A veces fantaseo despierto y ya no sé quién soy.
Escribir me hace pensar, me trae recuerdos de antes. Además la escritura ya no conjura mis desvelos, descubrí unas pastillas mucho más efectivas. Pero todo esto es un rodeo.
No sé ni para qué se lo cuento a esta hoja en blanco (cierto, cierto: La Catársis). Todavía me tiemblan las manos, se nota en esto que leo, o mejor dicho, que no leo con claridad.
Hoy hacía un sol perfecto, el primer día perfecto desde la infección mundial, el invierno húmedo que cala los huesos con zorros que te atacan en jauría y la primavera con semicentauros rociando de semen los parques públicos.
Pensando exactamente todo esto, se me ocurrió subir a la terraza. Lo que no estuvo bien fue cargar el rifle, y peor todavía montarle la mira telescópica.
En el sopor del sol que precede al mediodía me recosté contra la cornisa y busqué con la mira los detalles de la ciudad que creía olvidados.
Si uno aísla ciertas esquinas, ciertos edificios, da la impresión de que nada ha sucedido. En un momento una puerta se movió por el viento y sentí físicamente que una horda de oficinistas automatizados saldría disparados a almorzar.
Entonces como por arte de magia y como quien se encuentra en la selva esperando el momento oportuno, a la salida de ellos, comencé a disparar y mientras unos caían como frutas en el piso otros corrían buscando refugio.
El continuo accionar del gatillo provocaba patadas del fusil en el hombro y el vértigo del giro violento.
Con el hombro adolorido volví a encuadrar la mira. No quedaba rastro de la estampida. En cambio vi en el centro de la esquina del parque un cuerpo blanco y roto.
Una hembra rocinante dislocada en lo rojo y blanco del trébol más el vómito de salida del balazo. Puede haber pensado cualquier cosa, o no haber pensado nada. Pero ese es el problema: pienso demasiado.
Se me ocurrió que podía ser una hembra embarazada. Se me ocurrió que era posible que los rocinantes criaran hijos sanos. Nadie lo había previsto porque ninguna lumbrera tuvo tiempo suficiente. Sólo yo quedo para suponer el milagro, y llegué tarde. La bala impactó su cabeza.
Un rayo de tranquilidad toma mi cuerpo, la catarsis ha funcionado.