Despertó en un cuarto de hotel.
Salió disparado hacía recepción.
—¿Cómo llegué aquí?
—Eso mismo me pregunto yo —dijo el recepcionista—, estabas borracho y balbuceaba algo sobre quedarse dormido en un autobús y que a la mala suerte se le había pasado la mano.
—¿Tiene alcohol?
—Debería buscar de Dios hombre, deje la bebida.
¿Buscar a Dios? Él solía ser un buen cristiano hasta que su padre se fue de casa. Ahora se pregunta si todo lo que ocurrió en su vida ha sido causa de su alejamiento con Dios.
—¿Se va? —Repone el recepcionista.
—Sí.
—¿Cómo va a pagar?
—Creo que anoche una mujer me besó y, me he enamorado, no quiero volver a ese lugar, ella no es real. Conocí a un tal Mario Bohórquez, es un poeta muy bueno.
—¿Mario Bohórquez? Imposible, él murió hace mucho.
—Escuche, mi familia está muerta, mi hermana es la única que está viva y es una prostituta, y ahora me estoy volviendo loco, estoy perdiendo la cordura, ayer estaba en un incendio que ocurrió hace años... En el treinta y nueve.
—¿Cuándo se incendió el hotel Real? —dijo el hombre de recepción.
—Sí... Espera, ¿cómo sabes eso?
—Está en los libros de historia, todo eso se quemó, murieron 200 personas, en los libros dice que fue una mujer encendiendo una lámpara de gas pero eso pasó hace mucho. Si quiere saber más por la plaza hay una tienda de antigüedades, el viejo de allí sabe mucho de historia. Y es fan de Mario Bohorquez.
Llegó a la referida.
Entró y se encontró con un anciano a quien saludó y le contó todo lo que había vivido. El viejo empezó a hablar de historia, del incendio del hotel y también le contó todo sobre el poeta.
Él se metió las manos en los bolsillos y sintió algo, lo sacó.
Eran las monedas que le habían dado la noche del incendio y un papel con algo escrito.
Su cuerpo se congeló, las manos le empezaron a temblar y no podía hablar.
Le extendió el papel al anciano sin leerlo.
El anciano lo examino y dijo.
—Conozco esta canción.
«¿Canción?» se preguntó aún inmóvil.
—Es de Marta —continuó el anciano—, tengo el disco en algún lado.
El anciano desapareció entre las vitrinas y mostradores de madera.
Regresó con un disco de vinilo, lo puso en una máquina que milagrosamente funcionaba y empezó a sonar una especie de vals, luego la voz de una mujer, que había muerto diez años atrás.
Algo que no entendía estaba ocurriendo, cada día despertaba en un lugar y año diferente.
¿Estaba soñando o loco?