¡En mis rendijas cabe todo!
La hora del ángel lloviendo a gajos todas sus lunas, en infinito trance entre el dolor y el gozo.
El aire fresco circulando mis oquedades para desnudar anoxias, desde el rojo de una rosa y lo blanco de las magnolias.
Aquí en mi ser están las fisuras, donde mueren crepúsculos pero también nacen auroras.
En ellas habitan la sepultura de los sueños y el nacimiento de mil historias. Esa palabra sentida con perfume de afecto buscando borrar en el alma ranuras.
¡Así soy a diario!
Una tímida grieta mirando desde algún muro como nace el amor matutino de rocío y otras, viéndolo morir abrigado de impotencia en tierras del olvido.
Y cada día me transformo…
Una veces en llanto, otras en melodiosa risa para dejarme caer sin permiso alguno, como agua bendita en unos labios, aplacando así la sed que impuso el silencio.
Y aquí en tus ojos solo soy ahora la mujer que eligió el oficio de ser poeta, haciendo trazos con mi pluma desde el frágil cristal donde me encerró el tiempo.