Hay magia en hacer jabón, una magia regida por las leyes de la física y la química. La naturaleza en acción al servicio del hombre.
La primera vez, simplemente mezclé dos líquidos; un aceite y una solución de agua y sosa, y la magia sucedió. El líquido se espesó y al transcurrir unas horas (al día siguiente) tenía un solido.
Maravilla que se repite vez tras vez, siempre que mantengas ciertas proporciones, pero no solo son las proporciones. Los diferentes aceites producen diferentes jabones, y se mezclan para buscar que cada uno aporte determinadas cualidades o propiedades; luego vienen los aditivos ¿qué más le puedo añadir? ¿es compatible y favorable cuando lo pongo en el aceite o en la lejía? (así llaman a la solución de agua y sosa) ¿y el color? ¿y el olor?
A medida que se encuentran las respuestas se empieza a formular; primera fase de la creación. Planear y calcular los ingredientes a emplear y a medida que usamos más ingredientes, tenemos que considerar cuál es el momento propicio para incorporarlo. Por ejemplo el olor, sea un perfume o un delicado aceite esencial siempre sera el ultimo ingrediente a incorporar; solo así se preserva de la saponificación, de la reacción que da lugar al nacimiento del jabón por la unión de las grasas y el álcali (otro nombre para la sosa)
Ahora otro poco de paciencia para cortar estos y ver su apariencia final.
La creación ha terminado; solo un ultimo ejercicio de paciencia antes de usar y saber que tan bueno es.
El tiempo de curación (secado) en mi caso por el clima 30 días son suficientes, en otras latitudes acostumbran 45 y en el caso del famoso Jabón de Alepo aseguran que no alcanza la excelencia hasta que se ha curado por lo menos durante 9 meses.