Mirar y sonreír desde la sombra.
Silenciosa, callada. Adivinada,
sin invitación acudes inadvertida
a veces, esperada en otras.
Sorprendes siempre.
.
La distancia temporal no sé medir
y prefiero no adivinar, ni calcular.
Te acercas y por gentileza te anuncias,
o solo porque te conozco ...
No causas temor al conocido.
Una vez transitada la noche oscura
desaparece el temor.
Renacer es saber, o solo intuir.
Tu denso velo oscuro tejido de
silencio y olvido.
Lógica anuncia que no cubres
pared de sólida roca.
Velo, cortina, escondes la puerta.
Cuando llegue el momento partiré
sin haber visto todo, con tanto por conocer
¿Volveré? Quien sabe, quizás no.
Incógnita jamás respondida.
Del otro lado, ¿Qué nos espera?
Otra dimensión, un mundo superior,
volver a empezar o reposar.
No lo sé. Pero si una vez logré
sentirme renacer y verme crecer.
Esta vez, Muerte no temo verte.
Ironía anunciarte con tal anticipación
o acaso te adivino en la partida de tantos.
Amigos y conocidos sorprendidos o
escogidos de dolorosa enfermedad.
No miraré con dolor la despedida.
Como el que parte a la aventura,
la miraré. Con simpatía Parca mía.
El temor si me alcanza cuando, ni
pensarlo quiero, ser último en lista
y probar la amarga soledad.
Cuanto duele decir adiós al amado,
al querido. Pobre consuelo decir:
Está en un mejor lugar o descansa ya.
Ignorantes de su destino y el nuestro
solo nos queda soñar y vivir. Vivamos
pues y digamos adíos al que parte y
si crees, un: Hasta que nos volvamos a encontrar.
Hoy nos dejó alguien querido, a quien familiarmente llamaba tío, hombre afable, trabajador, humilde y generoso anfitrión.
Su amada esposa, mi Tía y sus hijos lo despiden con dolor, un dolor profundo, agudo por la prolongada enfermedad que lo mantuvo vivo, pero lejos de su amada tierra, sus restos descansaran en ella y si a su mente le es posible, se dará una vuelta por ella antes de partir.
Hasta la vista Víctor.
Foto del álbum familiar