
Estaba pensando en todo este mambo de la sanación del niño interno y qué podría hacer para que se sienta más a gusto y seguro. ¿Qué es lo que quiere mi niño interno? Se me vienen cosas como jugar video juegos y olvidarse del mundo. Lamentablemente gran parte de mi infancia transcurrió jugando video juegos y al parecer las consecuencias han sido severas.
Pero yo no quiero hacer eso realmente. No quiero desperdiciar más días frente a una pantalla cumpliendo misiones absurdas de un personaje virtual en un mundo virtual que no hacen más que llevarse toda tu energía a una abismo donde nada florece. Media hora de entretenimiento está muy bien, pero mi niño interno es un completo adicto.
Entonces pienso ¿qué necesita mi niño interno? Esto cambia todo porque ahora debo velar por el como un adulto responsable y consciente. Pienso en qué quisiera darle a un hijo si lo tuviese. Primeramente querría darle atención. Espero que a mi hijo/a pocas veces le falte mi atención y presencia. También espero saber ser equilibrado de tal forma que sepa ser independiente.
También querría motivarle a hacer cosas, a crear y usar su imaginación. En verdad hago esto por mi mismo constantemente y son buenos momentos. Aún así hay algo que falta en mi, algo que no logra tapar ese eterno vacío que se siente como un niño desesperado en busca de pertenencia ¿Dónde pertenece este niño que nunca conoció la estabilidad y cuyos padres decidieron que se criara con personas contratadas, en vez de ser parte íntegra de su vida?
Esta herida de no pertenecer es la que más pesa, pues donde quiera que vaya la siento. En ningún lugar siento que pertenezco y siempre siento que mi bienvenida se está acabando, que debo pensar en un futuro fuera de todos los lugares para evitar apegarme y que la vida me arrebate todo en un segundo. Me doy cuenta que pensar así es justamente lo que termina creando las realidades que me obligan a salir de todo lugar y no sentirme realmente tranquilo. Pero a pesar de saber como esto me sabotea, mi cuerpo nunca ha logrado regularse y el ciclo parece que nunca termina.
Quizás sea necesario recordarle al niño que si pertenece, que este lugar que habita en este instante es su hogar, que nadie le diga lo contrario. Hacer este ejercicio puede ser desafiante porque al no tener un hogar que llamar propio siempre me veo involucrado en dinámicas de otras personas que pueden ser incómodas o vulnerar los ideales de mi niño. Pero así es el camino, lleno de imprevistos y vendría bien sentirse preparado para enfrentarlos.