Mi vida: sucesos y ocurrencias
Pues, en mi caso particular,
los he vivido y padecido, por demás;
y en el presente relato real
ustedes se enterarán.
En mi etapa infantil
me ocurrieron algunos accidentes
que hasta me hicieron sentir
de tal forma convaleciente.
Un día trepé un árbol de mamón
y estando en su parte más alta
me resbalé y caí de sopetón
que hasta el aire me hizo falta.
Cara, pecho, brazos y espalda
se me escoriaron bastante,
y mi madrecita asustada
saltó de su silla para auxiliarme.
Me preparó y echó un baño con ramas,
y hojas de árnica, túa túa y mango,
y me rezó una oración que ensalma
y así se me pasó el trago amargo.
Otro día cazando lagartijos
(cotejos) en un terreno enmontado
sin querer alboroté un nido
de avispas que se me enfadaron.
De inmediato me atacaron.
Me pincharon todo el cuerpo.
Sus ponzoñas se me encajaron
y me penetraron su veneno.
El remedio que mi madre me puso
fue un barro preparado con orina,
y aunque pasé por un buen susto,
esa fue la mejor medicina.
En otra ocasión, aprendiendo el manejo
de una bicicleta grande y bonita
me caí y di volteretas contra el suelo
por querer impresionar a una señorita.
Aquí volví a dejar mi pellejo,
pues me escorié una pierna,
y como fue muy leve el suceso
solo me puse una venda.
Ya en mi etapa juvenil
sufrí de una caída en un cerro
ubicado en las colinas de San Joaquín,
y me pasó por andar de aventurero.
Gracias a Dios que pude agarrarme
de un arbusto con resistencia
y así nada pudo pasarme
pues solo fue un susto a mi consciencia.
Continuará...
Contenido original
Imagen principal editada con el programa online Canva.com a partir de las siguientes imágenes:
avispas