Los titiriteros son personas simpáticas y alegres.
Saben contar cuentos, recitar rimas, pronunciar sin error los trabalenguas…
La gallina clueca
mueve su colgajo
al lado, al lado,
luego para abajo.
La gallina clueca
corre ligerito
si un lindo niñito
le toca un pollito.
A los alegres titiriteros le gustan los niños, los quieren como amigos y siempre desean saber qué piensan. Por eso son tan preguntones.
Amiguitos, ¿cómo están? Es su grito de guerra.
Los niños, si están bien, gritan a coro: ¡Bien!
Entonces, solo entonces, los titiriteros siguen trabajando.
En ocasiones los titiriteros llegan con un pequeño escenario que colocan sobre el escenario grande y quieren saber si los niños les temen a las sombras.
A algunas personas, grandes o pequeñas, las sombras les dan miedo, aunque todos tenemos una sombra personal que nos sigue a todos lados. Los titiriteros juegan con las sombras como magos.
Con siluetas manejadas con palitos, focos de luz y movimientos pueden contar historias fantásticas. Historias que pueden ser alegres y traviesas para hacer reír a los niños.
Para eso es necesario apagar las luces y que, por un corto momento, el lugar quede en total oscuridad.
Es entonces cuando comienza la función:
(Detrás del escenario pequeño se encienden las luces y aparece la sombra de un hombre flaco y largo con un atadillo. Sobre su cabeza se mueven las hojas de los árboles del campo. )
–Yo me voy de aquí! –dijo el hombre flaco y largo.
– ¿Por qué te vas? –le preguntó el gato al hombre flaco y largo.
–Porque estoy muy solito. –dijo el hombre flaco y largo, caminando por el escenario con su atadillo al hombro.
–Pues yo también me voy, estaré solo sin ti. – dijo el gato. Y sin esperar respuesta siguió al hombre flaco y largo.
– ¿Por qué te vas? –le preguntó el perro al gato.
–Porque estaré solo sin el hombre flaco y largo. – dijo el gato.
–Pues yo también me voy, estaré solo sin ti. – dijo el perro. Y sin esperar respuesta siguió al gato.
– ¿Por qué te vas? –le preguntó el chivo al perro.
–Porque estaré solo sin el gato. – dijo el perro.
–Pues yo también me voy, estaré solo sin ti. – dijo el chivo. Y sin esperar respuesta siguió al perro.
– ¿Por qué te vas? –le preguntó la vaca al chivo.
–Porque estaré solo sin el perro. – dijo el chivo.
–Pues yo también me voy, estaré sola sin ti. – dijo la vaca. Y sin esperar respuesta siguió al chivo.
– ¿Por qué te vas? –le preguntó el gallo a la vaca.
–Porque estaré sola sin el chivo. – dijo la vaca.
–Pues yo también me voy, estaré solo sin ti. – dijo el gallo. Y sin esperar respuesta siguió a la vaca.
– ¿Por qué te vas? –le preguntó la gallina al gallo.
–Porque estaré solo sin la vaca. – dijo el gallo.
–Y yo me quedaré solita sin ti. – dijo la gallina.
–Entonces me quedaré para que no estés solita. –dijo el gallo.
– Y yo me quedaré porque necesito al gallo para dar mi leche. –dijo la vaca.
– Y yo me quedaré para acompañas a la vaca a hacer la leche. –dijo el chivo.
– Y yo me quedaré para cuidar la granja. –dijo el perro.
– Y yo me quedaré para acompañar al perro –dijo el gato.
– Y yo me quedaré porque me he dado cuenta de que no estoy solito. –dijo el hombre flaco y largo.
(Por el escenario, en sentido inverso caminan, de regreso a la granja, el hombre flaco, el gato, el perro, el chivo, la vaca y el gallo. Debajo de un árbol, a un lado del camino, aparece una joven que se une a los amigos en su regreso)