Desde que venimos al mundo la naturaleza nos indica que tenemos que hacernos cargo. Para ello nos provee del llanto cuando tenemos hambre, dolor o incomodidad.
Llorar es la primera herramienta que tenemos para hacernos cargo de nuestro cuerpo.
Llorando pedimos auxilio, asistencia.
Al principio sólo nos hacemos cargo de nuestras necesidades básicas llorando, pero luego debemos hacernos cargo y ponernos de pie para caminar y descubrir el mundo que nos rodea.
Sólo nos preocupa satisfacer nuestras necesidades, una postura naturalmente egoísta para sobrevivir.
Sin embargo, cuando crecemos y nos damos cuenta que somos parte de la sociedad y que tenemos que compartir con los demás los derechos y obligaciones, debemos entonces hacernos cargo de nuestras actitudes y ponerle limite a nuestro egoísmo natural de sobrevivencia respetando al otro y al medio que nos rodea y del cual somos parte y no dueños.
Somos responsables de nuestros actos, para afuera y para adentro.
Responsables son aquellos que hacen de la ética una forma de vida.
Los que saben distinguir lo que está bien, de lo que no lo está, más allá que no exista ley que lo prohíba.
Que tienen principios, los que no se creen dueños del mundo, los que tienen conciencia social y respetan la naturaleza, los que maduraron y dejaron de ser niños con el egoísmo propio de su edad.