Extraño tu gente que es mi gente, esa gente que saluda alegremente, la que te pregunta cómo estás, Cómo amaneciste, la que se atreve a decirte te veo triste, ¿qué tienes?, Esa gente que si necesitas atención médica, te lleva al hospital y habla con los doctores por ti, esa gente que siente por ti.
Extraño la gente que adopta a tus hijos como sobrinos y defiende a los tuyos como suyos, que es capaz de defenderte a tus espaldas y ocultarte el porqué para que no te sientas mal, esa que canta a voz alta para alegrar sus mañanas y las tuyas, la que te ofrece un café, un té, un dulce y hasta comida, porque considera que de esa manera te hace sentir bien.
Extraño a la gente que sabe acompañarte en silencio cuando un dolor grande te embarga y sabe que lo que necesitas es su presencia en silencio, extraño las tertulias con amigos en cualquier esquina o frente de alguna residencia. Extraño a esa gente que ora por ti y por los tuyos sin pretender nada a cambio.
Extraño poder decidir a qué amigo visitar hoy, confiada de que tu visita le alegrará enormemente, aquí no tengo opción de decidir a quién visitar.
También extraño tu calor, ese que le da calidez a tus buenos sentimientos y hace que los manifiestes en función del bien de los demás.
Extraño a tus niños riendo alegremente y compartiendo lo que tienen sin mezquindad y sin notar que lo comparte con seres a quien consanguíneamente nada les une.
Extraño tus calles, tus ríos, tus plazas, tus paisajes, tu ruido de lluvia cuando se aproxima con rapidez y de manera indetenible.
Extraño, extraño, extraño... extraño todo de ti mi tierra mágica, esa que al recordarle llena mi mente de alegría, de amor, de bienestar, de paz, de regocijo, pero sobre todo de una gran nostalgia porque la extraño siempre.