Recuerdo un ejercicio que era muy usado en sesiones de dinámica de grupo, había una cajita cubierta con una hoja en la que estaba impresa una pregunta: ¿Quién es la persona más importante para ti? Al levantar la hoja la mirada se encontraba con un espejo fijado en el fondo de la caja. La idea del ejercicio era llegar a la conclusión de que la persona más importante para ti era la que se reflejaba, tú mismo.
La idea del ejercicio era interesante, tenía como finalidad contribuir a elevar la estima de la persona, un paso importante para afianzar nuestra confianza en que somos valiosos y capaces de emprender cualquier empresa que decidamos.
Sin embargo, al centrarnos en nosotros mismos corremos el riesgo de formarnos una imagen incompleta de lo que en realidad somos.
Un mecanismo mínimo de sobrevivencia nos lleva a resaltar nuestros aspectos positivos y a minimizar los que no nos gustan. Por eso al mirarnos al espejo tendemos a ver solo aquello que nos resulte complaciente, lo que nos de tranquilidad y nos permita estar conformes. Con esa imagen andamos por la vida.
El problema se presenta cuando establecemos relación con el mundo exterior. Allí es probable que comencemos a tener resultados que no se corresponden con la imagen que nos hemos creado, que no terminemos de encajar en la relación con los demás. En esos momentos nuestra vanidad puede llevarnos a la conclusión de que el mundo anda mal. No entendemos por qué si somos tan chéveres las cosas no nos salen bien.
Pero la realidad no es que los demás estén mal, lo que ocurre es que hay cosas por mejorar a la que no les hemos prestado la debida atención, muchas veces por ignorar que forman parte de nosotros.
Para tomar conciencia de esos aspectos negativos, que también tenemos, es necesario aprender a escuchar. Dejar de lado todos esos prejuicios en los que pensamos que cualquier opinión en contrario es un ataque personal, promovido por la envidia o por el deseo de hacer daño.
Para mejorar como personas necesitamos la opinión de los demás. Son los Otros los que pueden mirar las cosas que nosotros no podemos, o no queremos ver. Es importante conocer la imagen que ellos se han formado y compararla con la que tenemos. Los resultados pueden ser sorprendentes. Son los casos en que nos dicen: ¡cónchale no me imaginabas que eras así! Y nos quedamos sorprendidos de saber que eso que nos dicen es lo que hemos estado reflejando, sin tener idea de ello…
Aprender a conocernos es una tarea que puede ser dura y poco placentera, implica romper con un montón de ideas que se han cristalizado con el correr del tiempo. Quizás la más difícil de vencer sea esa de no confiar en la opinión de los demás. Pero sin el espejo del Otro nunca nos terminaremos de ver tal cómo somos.
Gracias por tu tiempo.
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