Cada tarde un hombre sabio comienza su animada charla en un lugar conocido como “el pórtico de Atenas.” Paso a paso la entusiasta audiencia se tiende frente al sitio donde el Maestro comenzará a enunciar sus palabras, en sus ropajes puede distinguirse claramente su origen social. No importa si son gente de la más humilde o de la más encumbrada de la sociedad ateniense, Zenón de Citio, habla para todos; su tema es común a los ricos, a los pobres y a los poderosos. Este Maestro les enseña como aliviar el sufrimiento.
Cuentan que Zenón dominaba a la perfección el arte de la elocuencia, tenía una facilidad muy fuerte para conectar con su audiencia, fue sin duda un orador de lujo. Las personas que asistían a sus charlas declaraban sentir una revelación, una especie de iluminación que los lanzaba a una nueva perspectiva, donde aprendían a darse cuenta que cada uno era responsable de encontrar el camino a la felicidad.
La potencia de las reflexiones propuestas por el de Citio, nacía de su propia experiencia. Este hombre había dedicado su vida a examinarse con atención. Una introspección disciplinada y rigurosa era la materia prima que le permitía ofrecer un pensamiento novedoso y fresco, para que las personas pudieran ayudarse. Su filosofía era para el día a día, una filosofía para la vida. Desde nuestro tiempo pudiéramos decir, sin temor a exagerar, que fue un precursor de lo que hoy llamamos psicología positiva.
Muchas frases memorables se pronunciaban en aquellas disertaciones; una llama la atención por la claridad de su mensaje: “La vida es una escuela y los seres humanos somos estudiantes que venimos a aprender”. Estas palabras puestas en el oído del afligido eran capaces de remover la indiferencia…
¿Pero cómo Maestro, qué de bueno puede haber en la desgracia o en la tragedia?, pregunta un entusiasta discípulo. Aprendemos de lo bueno y aprendemos de lo malo, responde pausadamente Zenón. Cada tragedia nos deja un valioso aprendizaje, aprendemos a explorar los caminos de la virtud, nos hacemos más fuertes, valoramos más la importancia del presente, nos volvemos más atentos; todo eso nos hace mejor.
Frase a frase la entusiasmada audiencia va sintiendo el efecto terapéutico de un pensamiento que invita a una revisión personal, donde cada quien va aprendiendo a hacerse dueño de las circunstancias, a ser responsable de la valoración que hace de la realidad. Al final las personas se despiden con una gran sensación de paz.
La historia de Zenón nos deja varias reflexiones importantes. Nos muestra que en todos los tiempos los seres humanos hemos tenido padecimientos similares. En todas las épocas ha existido la necesidad de lidiar con el sufrimiento. Buscar la ayuda que necesitamos para salir adelante es una experiencia muy humana. También podemos rescatar, que la palabra revestida de sabiduría es capaz de alumbrar nuevos caminos, de abrir horizontes y perspectivas. Las personas podemos aprender a tener otros enfoques sobre la realidad, con menos rigideces y más sentido del equilibrio. El camino de la felicidad está abierto para todos, pero avanzar en él requiere cierta dosis de sabiduría.
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