Miro la luz filtrarse por las ventanas,
siento el sol calentando mi piel;
dicen que el olor a sol no existe,
pero yo sé que sí.
Hay tanta calma afuera,
quiero que llegue a dentro,
que se cuele en mi ser
como las luz del sol
por las ventanas,
quiero que traspase mi piel
como el calor
de los rayos dorados,
que me inunden,
que apaciguén la tormenta.
Trato de apagar la cabeza,
silenciar todas las voces
que sabotean mi confianza;
aprovecho los instantes
del sol saliente cuando sé
que la casa aún duerme.
Cuelo el café tarareando
una melodía que desconozco,
quizá no la recuerdo,
o puede ser que acabe de nacer;
de cualquier forma
siempre las olvidó.
Los vapores del café
suben mientras se cuela
y pienso en si debería
comprar una greca;
pero este ritual
tiene también su encanto.
Pienso en mi abuela
y en mi madre después de ella,
ellas ya habrían colado,
mucho antes que el sol saliera;
pero yo, yo necesito sol,
necesito la luz dorada
para dejar la cama,
para espantar mis fantasmas nocturnos,
para enfrentar la casa.
El primer sorbo de café
me sabe amargo,
me acostumbré a tomarlo así,
sin endulzarlo, al natural,
la salud no dura para siempre,
pero me niego a renunciar a algunas cosas.
Lo siento calentarme por dentro,
va alejando ese frío
que se posa en mi pecho en las noches,
que no sale de mí
hasta que el sol y el café me abrazan.
Oigo pasos,
han despertado,
pero yo ya estoy lista;
he reunido suficiente calor,
el resto del frío de mi ser,
me lo sacaré con un abrazo.
Estoy lista para el día de hoy.
¡Feliz fin de semana!
Hoy les dejo este poema que sinceramente, me resulta reconfortante y disfrute mucho de escribirlo. Pensé que el acompañamiento perfecto eran estas fotos de las flores de mi jardín. Estoy enamorada de estás flores (seguro ya lo han notado).
Ahora si me despido por los momentos, pero prometo volver pronto con algún nuevo paisaje.
Fotografías de mi autoría tomadas con teléfono redmi9a.