Para: Rebeca de 19 años
De: Una Rebeca del futuro
Sé que me creerás cuando recibas esta carta porque tu mente cree en la magia, en lo imposible y en lo increíble; incluso cuando tus castillos de arena se derrumban y se escurren entre tus dedos. Pero es que siempre has estado convencida de que esos tornillos que te faltan son los que te han salvado del gris que se está comiendo al mundo (y estás en lo cierto, aun lo creo). Cuando me leas acabarán de romperte el corazón (otra vez), no busques explicaciones, ni culpables y sobre todo deja de pensar que pudo haber sido diferente. Dejará de doler y habrás aprendido cosas, no de la vida como te dirá la mayoría, sino de ti misma. Piensalo, ¿sabías acaso que eras capaz de ser tan valiente? Esto duele, pero crecer a veces duele.
Dentro de un año el mundo que conoces cambiará: aparecerá un virus del otro lado del mundo, será muy contagioso y dará mucho miedo. El mundo entero enfermará e implantaran medidas de control, te dirán que es por un par de semanas, pero las semanas se convertirán en meses. Las redes sociales se llenaran de información, algunos dirán que es un virus mortal y que solo quieren protegerte, otros dirán que el virus no existe que solo son medidas de control; escucharas de todo: guerra bacteriológica, control de población, estrategia comunista, castigo divino, maldición egipcia, nuevo orden mundial, ataque alienigena... Y mientras se debate sobre ello la gente será obligada a vivir con horarios, medidas sanitarias, medidas de distanciamiento... La economía será golpeada duramente y muchos perderán sus empleos.
Te estarás preguntando si es tu deber cambiar el curso de la historia, pero no es por eso que te escribo. Ese viaje que llevas años posponiendo, ese chico que te gusta y que te da miedo declararte, esa fiesta que dices le harás a tu abuela, ese abrazo que no le has dado a tu madre en meses porque te empeñaste en irte a estudiar tan lejos... solo te queda este año para hacerlo. Cuando la pandemia empiece pensarás que podrás hacerlo luego cuando todo acabe y te sentarás a soñar con abrazar a tu madre, pero te dará miedo visitarla y llevar el virus a casa;le escribirás por fin al chico que te gusta y descubrirás que a él también le gustas, pero ahora la ciudad está incomunicada; tu abuela no verá el fin de la cuarentena. El mundo estará en pausa, pero el reloj no dejará de avanzar y de repente habrá pasado más tiempo del que quisieras.
Un día todo irá pareciendo más normal y se podrá salir y visitar a otros, pero ya no serás la misma y no querrás las mismas cosas; algunos ya no estarán. No tengas miedo, no te escribo para asustarte, solo quiero que vivas este año y hagas las cosas que has estado posponiendo, que te des cuenta de que quizá mañana no será lo mismo o de que mañana quizá sea muy tarde. Vive, sé feliz, así durante los interminables días de oscuridad no vivirás añorando eso que no hiciste, vive sin miedo a equivocarte porque solo está exento de equivocación quien no vive.
Tuvo que acabarse el mundo, el mundo que conocía, para darme cuenta de que estaba dejando pasar mi vida; ahora es diferente, ahora vivo el hoy porque sé que es lo único que tengo. Sin embargo todavía en los días grises y lluviosos pienso en ti, pequeña Rebeca y te escribo cartas que espero atraviesen las barreras del tiempo, que te lleven consuelo y esperanza de que todo va a estar bien; que te lleven mi abrazo.