Una vez
un hombre, me preguntó
por mi tristeza.
Dijo que la veía flotando sobre mí
como una nube oscura,
dijo que la llevaba
en las arrugas de la frente,
en la comisura de los labios
y sobre todo, en la mirada.
Me dijo: "tus ojos miran a otros mundos,
tu estás aquí, pero hace tiempo que te has ido".
Entonces sonreí
y me abracé a su cuerpo,
no nos conocíamos y sin embargo,
me devolvió el abrazo.
Yo creo que supo en ese instante,
de todas esas cosas que nunca hablé con nadie.
Con él,
tampoco hablé de mi tristeza,
pero hablamos del mundo,
del tiempo y la poesía.
Hablamos de canciones
de libros y de historias;
yo disfrutaba tener su compañía.
Cómo explicarle a nadie mi tristeza,
esa que come de mis fuerzas cada día,
esa que duele sin razón hasta mis huesos,
esa que drena todas mis energías.
Cómo decirle a alguien
lo que ni yo comprendo;
la nube gris, que lógica no tiene;
la maldición, que hace llover adentro,
mientras que afuera el sol brilla en los cielos.
Ayer me dí a la tarea de perseguir el atardecer, de esperarlo pacientemente con la intención de traerlo para ustedes. La magia del mundo contenida en una imagen, la calidez del ocaso atrapada y conservada para siempre en el tiempo. Quise acompañar esta imagen de un ejercicio poético que contiene un instante de calidez muy dentro de una bruma espesa y fría.
Ayer tomé otras fotos para ustedes, pero las voy a dejar para compartirselas junto a otros poemas o historias.
Espero que disfrutaran de esta publicación, gracias por su apoyo y compañía.
Fotografías de mi autoría tomadas con teléfono Redmi 9c