No había peor momento para accidentarse al otro lado de la ciudad. ¿Qué más podía salir mal? ¿Qué podía ser peor que llegar tarde a su propia boda? El teléfono no paraba de sonar mientras ella hacia señas a los autos en plena autopista despoblada. Su jefe era una mierda. Mira que hacerla viajar el día antes de su boda... y ahora, estando tan cerca, el carro viene y se apaga en medio de la nada.
—Alo. Carlos, cariño, estoy botada en medio de la autopista, no llegaré a tiempo —¡puf! Muerta la batería. Carlos debía de estar furioso.
¿Y ahora qué? Después de 3 años al fin habían decidido casarse, pero ¿llegarían a casarse después de esto? Las lágrimas de Laura comenzaron a desbordarse por la impotencia y pensó en su hermana, ella debía de estar diciendo: "es una señal". Paola siempre estuvo en contra de esta boda, no porque Carlos fuera una mala persona, sino porque estaba convencida de que el amor debe ser un terremoto, un huracán, un bandada de mariposas furiosas haciendo temblar tu cuerpo. Carlos era muchas cosas, pero nada tan intenso como eso.
Laura se defendia de ella diciéndole que su concepción del amor era inmadura y adolescente, que con la edad el amor ya no es así, que se siente diferente; le decía que los amores como el que ella propone duelen y acaban mal. Ella ya había amado así, pero se había obligado a si misma a matar todas y cada una de esas furiosas mariposas que la dejaron destrozada.
El destino es cruel, despiadado y caprichoso; Laura lo descubriría ese día. Delante de su auto se paró un camioneta negra y se bajó un hombre; Laura lo conocía y muy bien. Habían pasado años, muchos años desde la última vez que se vieron, pero el instante en el que él sonrió, un avalancha arrasó con todo dentro de ella y descubrió que aún quedaba, al menos, una mariposa que definitivamente, no estaba muerta.
Quisiera decirles que Laura, se fugó con el hombre de la camioneta , pero no; hoy es la esposa de Carlos. Hay amores que no se olvidan nunca, pero que resulta más fácil dejarlos que pelearlos.