En la multiplicidad de su espacio, logra archivar momentos lejanos de nuestra niñez, el olor de otras épocas está presente en las paredes de su malla, desde donde consciente o inconscientemente volvemos a traerlo para recrearnos y sentir emociones a nuestro antojo.
Surge la voz de algún ser querido dejando en nuestra cara una mueca de satisfacción, o quizás la tristeza por lo que tuvimos.
Ella habla con la voz de los demás, huele lo que ya no es, mira por nosotros lo ahora intangible.
Hermosa doncella que tiene la magia de armar figuras y lugares precisos ocurridos a mediana vida, que se despiertan fácilmente por el recuerdo de una vieja canción que llega a tocar nuestra sensibilidad, dejando escapar alguna lágrima que corre lentamente por nuestra mejilla.
Espacios de tiempo igualados a un relámpago donde flotan como pétalos nuestros recuerdos juveniles.
Y en medio de este transitar consolida pasados con presente, éste que se vuelve repetitivo por la voz de ella, murmullos constantes que nos asechan todo el día....