Ana María tiene 32 años, vive en el apartamento contiguo al mío.
Hasta hace unos meses era casada con Juanca de 34, un diseñador de modas con éxito y un gran futuro en la profesión.
Ella es artista plástica, suele hacer reuniones en su casa, donde también tiene montado un pequeño atelier.
Esbeltos los dos, simpáticos, correctos, con amabilidad suficiente regalaban sonrisas y buena voluntad. Una pareja perfecta. Era un lujo compartir el piso con ellos.
No obstante habían comenzado ciertos rumores, se escuchaba que era una pareja despareja, que una marcada diferencia los alejaba de la felicidad. Me negaba a creer en todo eso que terminó siendo realidad.
Un buen día Juanca vino a despedirse, me dejó una tarjeta y se puso a mi disposición, por supuesto que le agradecí y al tiempo lo fui a ver con un sobrino para que lo guiara. El jovencito sentía una fuerte inclinación por la moda y estaba decidido a incursionar en ella.
La reunión entre ellos llevó el tiempo necesario, según me contó al salir, el modisto en su escritorio le mostró como eran las cosas, lo llevó con paciencia, lo aconsejó con esmero y lo atendió con dedicación.
El joven quedó satisfecho y contento.
A punto de retirarnos se produjo la llegada de Aníbal, un conocido coiffeur que llegaba desde Montevideo. Nos saludó con cortesía, soltó una pequeña maleta y se arrojó en los brazos de Juanca. Después de besarlo repetidas veces casi a los gritos dijo
-¡Cuánto te he extrañado mi amor!
Anoche Ana María más espléndida que nunca golpeó a mi puerta. Al atenderla, con una sonrisa dijo
-Tengo que pedirte un favor. hoy estoy cargada de deseos, quiero divertirme, bailar, tomar unas copas y sobre todo hacer el amor apasionadamente hasta el amanecer…¿Tú tienes algún compromiso esta noche?
-¡No, no ninguno!!....le respondí. Luego de una breve pausa con la voz más dulce volvió a preguntar- ¿Puedo dejar el niño a tu cuidado? Cerca de las 8 de la mañana vendré por él.
-Claro que sí, diviértete todo lo que puedas- le contesté.
Eran las 8 y 10 cuando sonó el timbre.
Decepcionada, Ana María dijo
–Anoche venía decidida, pero no me animé. Teniendo tan cerca la felicidad, perdí el tiempo buscándola en otro lado. Si puedes perdonarme te espero en casa esta noche.
Tras eso escuchamos
–Ni lo pienses bruja. Olvídate, mi cuchi cuchi no sale de aquí -Era la voz de mi pareja que no tardó en contestar.
Ana ignoraba mí nuevo romance, sorprendida tomó a su hijo y se fue.
Así son las cosas. Nunca imagine que Ana se fijaría en mí.
Después me enteré que acompañada por Alicia, la que fuera mi mujer, esa noche equivocadas fueron a un lugar gay y que antes de casarse con Juanca, fue novia del primer bailarín de un ballet.
-Ana es hermosa pero, tendrá que prestar más atención porque algo me dice que es despistada y que tampoco sabe elegir muy bien ¿tú qué piensas mi amor?
Desde el sillón contestó
–Si no sabe que aprenda en otro lado, ¡aquí no!
-Ay amor, es una buena chica. Por favor no seas así.
-Si esa mosquita muerta toca de nuevo el timbre, la atiendo yo… y no se hable más del asunto. Habrase visto ¡venirme con esas a mí!
-Termina de una vez con los celos ¿acaso no sabes que te amo? No sé qué voy a hacer contigo, todo lo tomas a pecho, debes cambiar-
-Ni falta que hace y parece que no escuchas bien. Creo haber hablado con claridad, si me entero que hablas con ella, me terminarás de conocer.