Nadie está más solo que cuando no recibe una carta
Indira Carpio Olivo
Preludio
Leer un libro es manifestarse ante un hallazgo, enfrentar ese hallazgo, tratar de mantener los ojos abiertos, con la esperanza de que sea lo que sea que está sucediendo entre las paginas, no escape. Empecé a leer a Indira con su libro accidental Mujericolas, ese extrañísimo suceso de un libro que ocurrió, como cae la lluvia cuando luego de un periodo prolongado se precipita porque ya no puede soportar el peso, si pienso en Mujerícolas pienso en eso y en el genio de Giordana que supo captar la necesidad de la lluvia.
¿Cuántos necesita vamos a Indira? No es una pregunta retórica, es apenas una declaración ante algo que no puedo saber, cómo cuando de te preguntas si puedes percibir la profundidad del mar. En los libros Mujerícolas (El perro y la rana, 2017), Frutos Extraños (Fundarte, 2018), Diario venusiano (Libero Editorial, 2020) y Malayerba, plaquette (Fundarte, 2020), ensaya una escritura honesta, transgenerica y contundente, lo cual me lleva al siguiente punto.
La chamán
Estas son las cartas que me dictara durante cuatro días de espasmo.
Es la mujer detrás de mí, desenraizando yuyos
Cuando estás en presencia de Indira se tiene la percepción que se está ante un árbol, ese ser que parece oscilar entre el mundo de los espíritus y de la carne, su libro Cartas de agua es un testimonio de ese trance, uno que ha repetido y expuesto en su obra literaria, aunque uno perciba que se trata de algo más. Es decir, es un libro fundamentalmente honesto, algo rebelde y revelador, que se atiende a sí mismo y por tanto es auténtico, que conecta con los otros porque se permite abrazar la luz y la sombra en las cosas, aunque es difícil leer a Indira de un balazo hacerlo es algo que te revela algún secreto.
El dictado
La construcción del libro se desdobla, oscila como la superficie del mar y migra como las nubes al horizonte, despierta de golpe en una sentencia que muerde el mundo, es decir, es un libro que no le guarda respeto a los géneros literarios, cada carta es un poema que expone un ensayo y que si das dos pasos atrás para mirar el todo te permite acceder al cuadro que se va tramando carta a carta.
Es un libro arriesgado, creo que las intenciones son evidentes, Indira declara en una de sus cartas “Cuando leas esta carta no estaré esperándote. Iré a buscarte”, esta voz íntima nos permite conectarnos en profundo con este personaje/narradora/cómplice, que va creciendo a la par de las imágenes tan bellas como está “Como los árboles, la gente cree que no hablo, pero me comunican savia, viento, movimiento. La tierra aún no me ha enterrado.”
Lo fantástico se desarrolla en la idea de que algo está ocurriendo entre nuestro mundo y el de las cartas, que se va enriqueciendo con la presencia de Amalia Rosa, Luciano, Joao, Maya, Ganie entre otros, como si estuviésemos mirando aquello que sucede y encarnando los sentimientos del ir y venir de cada uno, esas esperas que son nuestras esperas y dolor que es parte de la vida misma.
Un libro de poemas es en esencia un grimorio, este lo es. En este se nos cuenta una historia que te encarna y que resplandece en la consciencia de lo que todos hemos vivido, la empatía es un resplandor que nos conecta, si se ha de llorar siempre es de liberación y estás 111 cartas son un abrazo, que espero que como a mí te seduzcan.
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