En la noche creada; en el corazón naciendo, en la exhalación que da paso al sueño viejo; al año nuevo; a la canción que brota antes del alba y que se renueva al amanecer. Suenan canciones, risas y festejos diversos. El minutero corre y corre sin prisas ni pausas, viviendo de forma inocente. Nadie le ha hecho entender que en su ritmo lleva a cuestas el resto de la creación.
El Tic Tac de los sueños
Encaramos la emoción naciente
de un ciclo nuevo.
Los rostros limpios, los ojos llorosos;
los suspiros embargando la noche
y la noche embargando el corazón.
Todo es un dar y recibir constante
de energía y emoción.
Allí se plasma la primera intención
del año venidero:
La abundancia, la riqueza, el amor;
un sueño cumpliéndose de a poco
en los tres seis cinco
pasos restantes.
Un sueño parece emerger de la tierra,
otro sacude el polvo; levanta el cajón.
Alguno más viene al canto,
otro al habla, otro al suspiro;
y mientras todos se reúnen
el silencio los resguarda
antes de que el minutero
nos obligue a desprendernos
día a día, paso a paso,
por una vez más.
En el intermedio de todo ello
se levanta el espíritu atemporal
en donde los años nuevos
se crean diariamente.
Donde los días son soleados,
en donde Dios está presente
en cada acto, en cada emoción;
en cada intento de hacer real
el regalo del corazón.
Mientras todo se acopla,
canciones me brotan solas;
y que el nuevo año decida
si no tengo yo el valor,
qué ritmo de creación bailaremos
cuando se rompa el silencio
y abra en llanto el naciente
Feliz año nuevo.