Lluvia que hay en mis ojos☁️☔️
Fuente: Ambientum
Hola amigos de #Hive, ¡feliz sábado! Comenzó el invierno y llegaron las anheladas lluvias, personalmente me encanta la época de lluvias y el clima que traen consigo, disfruto mucho de esta época porque es cuando florecen los árboles, época de frutas y durante esta época el calor cede, es por eso que dedico este escrito a la Lluvia, que en estos días ha sido mi mejor musa. Espero que lo disfruten.
Se siente la brisa en mi cara, el viento comienza a soplar, el cielo se viste de traje, conjunto de traje gris, un cielo gris encapotado sin avistamiento del sol en el horizonte, el clima comienza a cambiar, los truenos anuncian como tambores redoblantes la llegada de la lluvia, la brisa rebelde mese los árboles que sueltan sus hojas y en el suelo los perros de la calle buscan refugio temerosos pues es el retumbar de los truenos los advierte de la tempestad. En medio de esa singular muestra de poderío natural el cielo de pronto se ilumina, destellos de luz plateada, fugaces alumbran la tierra, y como vienen se van impetuosos llenos de poder, un poder que aminora al más duro.
En el cielo se libra una batalla y en la tierra el mundo establece una tregua; de pronto el cielo llora, llora sus pérdidas, sangran sus heridas, los truenos, relámpagos y el viento no muestran señales de parar, se miden en una batalla feroz donde no hay mañana, las nubes son testigo que horrorizadas observan las grandes fuerzas de este planeta enfrentadas derrochando semejante poderío, una batalla que se libra desde el principio mismo y de la cual solo la eternidad podrá avistar su final. Mientras tanto en la tierra, la lluvia cae y moja, inunda aquello que antes estaba seco, aflora eso que estaba desolado y llena de vida lugares que jamás parecieron haberla conocido, la lluvia que es la sangre derramada por las víctimas de una cruel batalla es, irónicamente, el bálsamo que otorga vida a los que ya no la poseían.
La lluvia repiquetea en mi ventana, el viento entra por ella y eriza mi piel, los truenos son la banda sonora de un día gris, la lluvia trae consigo una melancolía que llena de solemnidad el ambiente, entre tanta nostalgia los corazones buscan refugio bajo una cobija, un abrigo, un abrazo. De pronto caen gotas, saladas como agua del mar, me fijo si acaso se cuelan por la ventana gotas de agua perdidas, pero no, soy yo, lluvia que hay en mis ojos… El frío cala hasta mis huesos, el viento me seca los labios y me cuesta respirar, sentado frente a la ventana contemplando las hojas que el viento lleva entre sus alas y que son arrancadas de los árboles que se mesen en aquella tempestad a punto de ser arrancados también, las gotas de lluvia caen al suelo en medio de un constante bombardeo que la tierra silenciosa aguarda a que finalice, tal vez la batalla se libre arriba en el cielo, eso es lo que siempre creímos pero quizás la tierra sea un campo de luchas alterno porque después de todo, cuando la lluvia cesa y la tregua del mundo acaba es en ese momento cuando somos testigos de los estragos que causo la batalla y que se extendieron hasta la tierra; un pequeño precio a pagar a cambio de la vida que otorga la feroz batalla. Cuando la lluvia cede, ceden también el frío que cala huesos y corazones, cede la brisa que arranca árboles y también abrazos, ceden las gotas que manan del cielo y también del alma…