En la continuación del trabajo sobre la poesía del escritor venezolano Rodolfo Moleiro, hablemos un poco de la alternativa estética tomada por el Círculo de Bellas Artes de Caracas que influyó sobre nuestro poeta.
La opción impresionista
Salían a pintar con la alegría, la honestidad y la perseverancia que sólo el talento y la modestia pueden engendrar. (…) Ninguno se creyó por un momento que era un genio, ni que estaba descubriendo un nuevo mundo, una nueva manera de ver. Sabían a ciencia cierta que estaban haciendo, tratando de hacer, obra dentro de la manera impresionista; un impresionismo deslumbrado por lo que ellos escuetamente habían descubierto: el paisaje venezolano (…)
Es el modo como recrea y conceptúa la experiencia del Círculo uno de sus protagonistas, Luis Alfredo López Méndez. Sus palabras explicitan la opción estética y espiritual que los jóvenes artistas habían asumido con conciencia: el impresionismo. Acogido con cierto retraso (el movimiento se desarrolló en Francia durante las tres últimas décadas del siglo XIX), y sin ser esta corriente una de las consideradas dentro de los movimientos que, en forma restringida, son denominados de vanguardia, identificados como las puntas de lanza del arte de los comienzos de siglo XX, el impresionismo se constituyó en la óptica de los pintores del Círculo de Bellas Artes, y de gran parte de los poetas ubicados dentro de la generación del 18, entre los que resaltan Fernando Paz Castillo y Rodolfo Moleiro.
¿Por qué el impresionismo? Como consideración previa y fundamental cabe la seductora apreciación de Miguel Otero Silva (citado por López Méndez), al señalar que el Círculo en sus inicios se relacionó con el impresionismo más por su carácter de “estallido espiritual” que por su modalidad de movimiento plástico. Esto se corresponde con la reflexión de Pierre Francastel en su estudio de este movimiento: “La pintura impresionista, lejos de estar fundamentada sobre el rigor de una técnica, es, sobre todo, un « estado del alma»”.
En el sentido estrictamente pictórico, cabe señalar una razón externa: la llegada a Caracas, entre 1917 y 1919, del pintor rumano Samys Mützner, del ruso Nicolás Ferdinandov y del venezolano Emilio Boggio, formados en el ánimo y las técnicas impresionistas, quienes indicaron a los jóvenes artistas del Círculo los caminos de la pintura moderna, e incidieron con su estímulo y ejemplo en la asunción del compromiso impresionista. Y otra razón, de sentido interno, dada por las necesidades y búsquedas propias de los pintores del Círculo, alimentada por las preguntas y reflexiones que el ejercicio mismo de la expresión artística les planteaba. Encuentro expuesta esta razón claramente por Yasminy Pérez Silva (GAN):
(…) sienten que la propuesta impresionista es la que más se adecuaba a sus necesidades, considerando que el impresionismo planteaba una reinterpretación de la naturaleza, sin necesidad de recurrir a métodos y técnicas preconcebidas, así como la captación de la luz mediante el color y la fijación en el lienzo de la inmediatez de las cosas.
¿Qué ocupa el corazón de la propuesta impresionista? ¿Qué se debate en su interior? ¿Qué se adopta de ella? ¿Unos procedimientos o estilos? ¿Una visión, una sensibilidad, un ideal estético, una disposición espiritual? Como en toda expresión artística, tal separación es un falso dilema, sin embargo, pienso que en el arte impresionista eso que podemos llamar ‘forma’ aspira a un más allá, un algo que la supera y al que sirve e intenta expresar.
Leo en Francastel: “Se suele definir el impresionismo como una tentativa inédita de captar la realidad de la luz para hacer de ésta no sólo el principal sino a veces también el único objeto de la pintura”. En esta definición puedo advertir la presencia de dos aspectos, el que identificaría con lo técnico-formal, pero de igual modo –apenas sugerido, como en la vaguedad de la palabra “luz”– el rasgo poético, sensible, ideal, en síntesis, espiritual. “Arte de la luminosidad, síntesis coloreada del mundo”, acota también Francastel, es decir, arte en el que a través de unas técnicas y formas expresivas se hace manifiesta una aspiración: el encuentro con una realidad tan inalcanzable y fugitiva como la luminosidad y el color. Esencia, síntesis de la realidad, del mundo, que sólo puede existir como intento de la sensibilidad, de la emoción, de la intuición. De allí que en la actitud impresionista haya, sobre todo, contemplación, recreación, comunión de/con la realidad.
No se trata, pues, de representar o reproducir la naturaleza, o la realidad en general, sino de su interpretación, o diré mejor, de su reinterpretación. En caso de los artistas del Círculo, reinterpretación de nuestra deslumbrante realidad tropical. El crítico Alfredo Boulton, refiriéndose a Cabré, formula: “su captación de lo real ofrece en algunas ocasiones una interpretación que va mucho más allá de la simple copia, a la reproducción de una realidad imaginada combinando una situación pictórica cargada de vivencias visuales que en muchos casos no están presentes en el propio motivo” (citado en GAN). La realidad de la obra es una realidad interiorizada, pues la vida exterior –para decirlo de algún modo– es de la misma naturaleza que la vida interior.
Francastel, al abordar la obra del último Monet, el “padre iluminado” del impresionismo, esclarece y consolida las apreciaciones anteriores:
(…) una pintura que fija y manifiesta fenómenos de conciencia, bajo una forma simple y sin otros límites que una realidad psíquica.
(…) una tentativa que (…) culmina en una exaltación de las fuerzas poéticas, no propiamente plásticas ni siquiera pictóricas del arte de pintar.
Desde esta sensibilidad, ideal o estado del alma, al que me he venido refiriendo, se busca materializar sus efectos, su impresión, a través de procedimientos y recursos, esos que han sido identificados como características formales y estilísticas de la propuesta impresionista. La yuxtaposición del color, por medio de pinceladas independientes, breves y vigorosas que creaban superficies, texturas cromáticas fragmentadas, quizá sería la descripción más próxima a la técnica fundamental. Contrastes y matices de color neto mediante los cuales se sugerían las formas y el espacio. Desintegración de formas y colores, desaparición de líneas, hasta llegar en Monet y Cezanne, como en nuestro Reverón, a una “representación” escueta de la naturaleza, al encanto de lo inacabado -como anota Francastel-, a la sugestión, a la síntesis y la esencia. De este modo, la proximidad con el simbolismo y el carácter sugerente del lenguaje poético se hace ostensible.
Continúa…
Referencias bibliográficas
Francastel, Pierre (1983). El Impresionismo. España: Bruguera-Emecé.
López Méndez, Luis A. (1969). El Círculo de Bellas Artes. Caracas: INCIBA.
Pérez S., Yasminy (1990). Cabré y Monsanto: hacia una reinvención del paisaje. Caracas: Galería de Arte Nacional (GAN).