En pasados posts compartí textos microficcionales escritos a partir de ciertas figuras célebres de la literatura y el arte en general (Cervantes, Velásquez, Calderón, Lope de Vega, etc.). Decidí hacer un par, por lo menos, recreando aspectos de la vida y obra de otro inmenso escritor español: Francisco de Quevedo, haciendo uso, como es propio de la microficción que practico, de la transtextualidad.
–Por fin aquí, Don Francisco, como le dicen. Le espetó el alguacil endemoniado del Día del Juicio.
Quevedo recordó unas líneas de Los sueños y al licenciado Calabrés: "Este, señor, era uno de los sepulcros hermosos, por de fuera blanqueados (…) y por de dentro pudrición y gusanos".
Continúo el imprecador de aquel averno: Mucho te gusta burlarte, satirizarnos, y veremos ya quién ríe de último.
Esas palabras se revolvieron en su alma, y volvió a sentir el terrible acoso de la Inquisición.
–Avarientos, nos llamas; hipócritas, disolutos… Nunca aprendiste a respetar la majestad del poder, aunque muchas veces supiste medrar en él.
Vinieron a Quevedo aquellos versos de su "Letrilla satírica": "poderoso caballero / es don Dinero", "pues él rompe recatos / y ablanda al juez más severo"
–El fuego ya arde.
Oyó unas carcajadas, pero no supo si las soltaba él o aquel demonio de bonete. Los sueños eran sombras del día.
Fuente
Referencias:
Quevedo, Francisco de (1977). Los sueños (7ª ed.). España: Edit. Espasa-Calpe.
Quevedo, Francisco de (1999). Antología poética. España: Edit. Boreal.