*************
Volvemos a tocar el tema general de la belleza desde un ángulo especial: lo terrible, quizás poco apreciado en general, por una concepción convencional e idealizada. Tres grandes escritores nos aportan sus postulados:
El poeta Charles Baudelaire, pilar de la modernidad estética, produjo ensayos de crítica de arte y diarios íntimos en los que puso de manifiesto su concepción de la belleza. Así, encontramos en Cohetes:
El misterio, el pesar son también características de lo Bello.
Por su parte, el poeta y narrador Rainer Maria Rilke, de los más admirados del siglo XX y que produjo una obra entera marcada por lo sublime, como lo son sus Elegías de Duino, apunta:
La belleza es aquella parte de lo terrible que aún podemos soportar.
Finalmente, tenemos a Thomas Mann, el escritor alemán autor de novelas capitales como Muerte en Venecia y La montaña mágica, quien nos aporta esta reflexión:
La belleza, como el dolor, hace sufrir.
Se conjuga en el pensar de estos tres escritores acerca de la belleza esa apreciación que será aporte fundamental para la redimensión de la estética en la modernidad, que puede condensarse en la palabra ya usada: lo terrible.
Son herederos de pensadores y artistas que, desde finales del siglo XVIII y la primera mitad del XIX, habían reintroducido –pues ya estaba en la cultura de siglos anteriores– lo siniestro, lo grotesco, lo avieso, el revés, el mal, entendiendo que son parte ineludible de la conducta humana, y, por lo tanto, componente a considerar en la elaboración filosófica o estética.
Baudelaire insistirá en la necesidad de extraer la belleza misteriosa presente en la vida humana como condición trascendente del arte, y gran parte de su obra poética es expresión de ello; pensemos, por ejemplo, en su famoso poema "Carroña". Aquello que no puede ser explicado, que aturde o paraliza, que nos descoloca, que puede estar asociado a la tristeza, a lo amargo.
Rilke comienza su Segunda Elegía con la frase, hecha famosa: "Todo ángel es terrible", frase poética donde se sintetiza la paradoja en la que se juntan estos elementos aparentemente opuestos. Concibe que lo terrible es inherente al vivir y que alcanza manifestación en la belleza, por la cual el hombre lo experimenta y procesa en su interior.
Mann, cuyas novelas están signadas por las duras y reveladoras experiencias de lo humano, lo dice de modo muy directo, como si hablara el protagonista de Muerte en Venecia, para quien la belleza del joven Tadzio se convierte en inasible y causa de placer y dolor a la vez.