Desde muy pequeña he estado acostumbrada a tener mascotas, ya que para mi familia los animales han sido una parte muy importante de nuestras vidas, mis padres siempre han pensado que los animales son seres que merecen más de los que se le ofrece en la actualidad y que son los seres vivos más puros e inocentes del planeta tierra; dicho pensar se fijó en mi desde mis primeros años de vida y el amor por los animales especialmente perros y gatos fue creciendo en mí.
A lo largo de mi niñez mis mascotas siempre estaban a mi lado creciendo conmigo, en su mayoría eran perros que rescatábamos de las calles o que adoptábamos pero en mi interior siempre tuve el deseo de tener un gatito como mascota, pero al pasar el tiempo era más difícil adoptar a uno.
En el 2019 comenzó mi amor por los gatos, pues a mediados de ese año llego a mi casa una tierna gatica de color negro con blanco y con unos 6 meses de edad, toda mi familia empezó a enamorarse de ella, debido a que era amable, inocente y muy buena cazadora; esta pequeña felina la alimentábamos con nuestro alimento (gran error) y dormía todo el día en casa, era muy educada y guardiana de lo suyo. Esta gatica murió sin poder dejar crías y esto dejo un vacío en nuestros corazones; por insistencia de mi sobrina, a un corto tiempo adoptamos a la pequeña Vilma que era una gatita con una personalidad muy distinta, ya que se destacaba por ser traviesa y arriesgada, trepándose a los muebles y no dejando trabajar a mi mamá porque se la mantenía en busca de caricias, a la pequeña Vilma la alimentábamos con leche todas la mañanas y creció bella y gordita, aunque no dejábamos que saliera de nuestra casa, un día nos acompañaba en nuestro porche y fue víctima de un accidente y murió dejándonos con una gran angustia y dolor.
Ahora bien, yo siempre digo que esas dos gatas fueron como ángeles mandadas para abrirle el camino a mí pequeño Figaro, un gatico que llego para bendecir nuestras vidas, ya que es nuestro consentido y nuestro gran amor, es el dueño de nuestros corazones.
Figaro, se caracteriza por ser dormilón y perezoso pero también un buen compañero, en los días difíciles ha sido el mejor amigo y acompañante; es un gato muy particular pues solo come alimento para gatos y consume agua fría, se podría decir que es todo un divo. Es el más pequeño de la familia y el más amado, ya que intuye cuando estamos tristes o deprimidos, pues nos alivia con sus caricias.
Todas estas experiencias que viví, me hicieron darme cuenta que al culminar mis estudios de medicina veterinaria quiero dedicar mi tiempo a proteger la salud de los felinos y caninos.