en el ocaso de los pétalos marchitos,
que florecen en las grietas de mi alma
y en los descoloridos rincones de mi ser.
en la danza fugaz de las estrellas,
que se fragmentan con mi llanto
y se funden en el lodo de mi sangre.
en los desvelos de mis párpados mojados,
en mis pupilas que estallan delirantes,
con las campanadas del eco de tu voz.
en la sinfonía disonante del cuervo herido,
que trepa junto a la melena verde del olivo,
hilvanando nidos con las hebras del olvido.