Ya no me haces falta.
Miro en las variantes
cómo el tiempo pasa,
y también la vida
noto cómo cambia.
El hombre y las cosas
van a otras etapas,
y hasta el mismo niño
madurez abraza.
Solamente Dios
no se altera en nada
y es por siempre el mismo
en toda semblanza.
Quiero referirme
de manera clara
a un mal compañero
de vida pasada.
En muchos envases
se me presentaba
y era compañía
de toda parranda.
Eras tú, a quien siempre
yo te degustaba
y con tus efectos
siempre me atrapabas.
A veces sabores
fuertes me brindabas,
pero yo adelante
siempre continuaba.
De ti dependía
yo cada semana
-líquido maligno
que daño causabas-
Tú me conseguiste
amistades falsas
que en las atenciones
mucho se esmeraban.
Hacías pareja
que me destrozaba
con tubitos blancos
de humo que dañaba.
Pero muy dichoso
contigo me hallaba
hasta que un buen día
blanqueó el panorama.
Logré desprenderme
de tus duras garras
que en mi ser tenían
imborrables marcas.
Los tantos amigos
ya no se acercaban
y hasta se perdieron
sin haber distancia.
Hoy a ti te digo
con certeza brava
que en la vida mía
ya no me haces falta.
Más bien me ocasionan
tristezas y lástima
quienes su existencia
a ti te consagran.
Ya no estoy ansioso
de fiestas deseadas
y esperar furioso
fines de semana.
En total, ya puedo
tener toda calma
porque ahora a mí
¡¡¡ya no me haces falta!