Nacimos con un propósito expedito en el lugar donde estamos y si nos tocó cambiarnos de lugar expresamente sabemos que ese nuevo espacio traerá experiencias de calidad retornable a lo largo de nuestra vida, lo más importante de una vida cabalmente compartida es que no todas las vidas pueden ser iguales pero todas pueden ser disfrutables.
En una ocasión una joven se me acercó cuando me escuchó decir algo de esto y me interpeló desde la inconformidad y me dijo: perdí a mi bebé al nacer, hoy me siento muy mal por eso, ¿crees que eso me tocó vivirlo a mí?, la miré y le dije: seguramente tienes las capacidades internas para superar este conflicto, de muchas personas en las estadísticas de muertes de recién nacidos tu como madre has sido escogida con un propósito pero debes descubrirlo a lo largo de tu trayecto, quizás la primera fase de ese viaje sea muy doloroso pero al final te darás cuenta para que te han designado como bateadora en ese juego.
La joven con ojos llorosos me miró y me refirió más aliviada en la conversación que después de ese evento le había tocado ayudar a otras madres que han pasado por lo mismo que ella, por lo cual entendía que si a ella le pasó fue para servir de apoyo genuino a otras en su mismo lugar.
Saber que nuestro lugar existe no es una tarea sencilla, hay personas que se pasan la vida buscando donde tomar el asiento de sus emociones, sentimientos, intelecto y voluntad.
Normalmente las personas dudan de la carrera que deben estudiar, o de la pareja que deben aceptar para vivir, de cómo se deben comportar en algunas situaciones de vida, pero lo más interesante de todo esto es que la duda es la primera enemiga del lugar que ocupamos, una vez que entiendas que has tomado una decisión de espacio y tiempo debes nutrir la seguridad de ese lugar creyendo que cada paso que estás dando te llevará a obtener aquello por lo cual fuiste creado.
Nunca debes olvidar que “El SEÑOR es mi pastor, nada me falta; en verdes pastos me hace descansar. Junto a tranquilas aguas me conduce; me infunde nuevas *fuerzas. Me guía por sendas de justicia por amor a su nombre. Salmo 23:1-3 (La Biblia Nueva Versión Internacional)”