Imagen desde pixabay y edición Picsart
Ha pasado mucho tiempo desde que cruzaron miradas, pero la adrenalina que ella siente al verlo sigue siendo la misma que la primera vez que se topó con él. Parece niña delante de su presencia, sus manos sudan, su voz cambia, y su corazón parece una estampida de caballos que corren a toda velocidad, su pecho es lo único que impide que su corazón salga corriendo a los brazos de su amado.
Desde hace mucho tiempo dejaron de ser solo “ella y él”, pero cada vez que lo recuerda o mencionan su nombre su vida brilla, sus labios sonríen y su corazón reclama en latidos poder salir de ahí, como si no le perteneciera a ella sino a él. La sensación provocada por su voz, por su cariño, por el solo verle es ¡tan magnífica! Que aunque le dice a su corazón que pare, él grita aún más diciendo su nombre.
Es indiscutible, ella nunca olvidará a su primer amor, mucho menos cuando su corazón se opone a soltarlo, cuando él dice su nombre, cuando aun se preocupa por él, cuando aún quiere seguir con él. Pensaba que su corazón no podía hablar, pero cada vez que lo ve comienza un discurso sin fin describiendo lo hermoso que él es, diciendo querer poder tenerlo nuevamente. ¡Ella le reclama que se detenga! Pero el muy osado y rebelde no lo hace, provocándola siempre y diciendo: - Mis latidos tienen su nombre.
Lennys S. París