No existía la palabra vergüenza.
Aquel día viniste sorpresivamente a decirme
que me considerabas
supuestamente el amor de tu vida
acepté salir porque me intimidabas.
Creábamos debates
de sazón picante
sobre que sugeriríamos
para modificar las
leyes que rigen en la actualidad
ambiente lleno de controversias
sin embargo luego de tantas discusiones
estábamos de acuerdo
en defender a los más vulnerables
dándoles oportunidades equiparables
a quienes tuvieran
mayor poder adquisitivo
promovíamos el factor productivo.
La convivencia surgía con reciprocidad
dominando la naturalidad
me sentía prácticamente como en casa
porque éramos nosotros mismos
reinaba sin lugar a dudas la confianza
no existía la palabra vergüenza
que increíble tener tanta semejanza
puedo percibir
como esta fluyendo la pureza
de nuestras almas.
A medida que interactuábamos
iba cambiando
la perspectiva
que tenía sobre ti
pasando de común a atractiva
entrando a mi parte afectiva.
Ni siquiera planteaba enamorarme
con tu carisma pudiste atraparme
ahora te llamaré hechicera porque
se te hizo sencillo conquistarme.