No me queda otra opción,
que rendirme ante tus hechizos,
no se qué hiciste o cómo empezó
pero esto ya no es un capricho
y es que siento que lento me muero
si no puedo verte alrededor,
y has desbloqueado el temor
que tengo de reconocer que te quiero,
sin una causa, sin una razón.
Te quiero, es una verdad que arde
una gran certeza que aturde
te quiero en la brisa de la tarde
en el bullicioso silencio de la urbe.
Te quiero, porque has llenado el vacío
que no sabía que debía llenar
porque has llegado y vencido
la soledad con que aprendía a caminar.
Es una loca travesía por la que quiero transitar,
no quiero ser más un pasajero
en este viaje que he podido facturar,
y es que desde mi fe, te quiero
sólo para mi y conmigo
para entregarte lo que puedo y más
ser en el frío tu abrigo
y que tus brazos no me dejen flaquear.
No me queda más remedio
que claudicar ante la evidencia
tu cariño, asesinó de un tajo al tedio
y me regaló poemas de querencias.
Te quiero y me entrego este sentimiento
te quiero y no quiero otra cosa,
me arriesgo a ti, sin arrepentimientos
sin suspiros, ni rosas,
sin arcoíris infinitos a la felicidad
con pocas palabras y mucha ropa.
Te quiero, es mi única verdad.
Y el miedo se ha vuelto voluntad.
No me queda más opción
que rendirme sin pudor a tus pies
no sé como todo esto comenzó
pero no quiero perderte después,
porque todo es un vulgar acierto
una lengua que sólo quiere decirte que
no te resistas a mi, que te quiero.
Como el santo quiere a su fe,
como la mañana quiere a su rocío
como el sol adora el atardecer
y los girasoles al estío.
Te quiero,
y no tengo una razón
quizás no me creas ahora
pero escucho la canción
que no desafina,
aquí donde nacen las lágrimas
en el pecho, muy cerquita del corazón.
Foto propia