No mucha gente sabe que, en los albores de la adolescencia mi inclinación profesional estaba dirigida a estudiar letras. En aquellos tiempos estaba suscrito al círculo de lectores y era para mí un reto completar un libro de forma mensual y que no se me acumulasen las curiosidades, así con 16 años ya había leído títulos como "Cien años de soledad", "Las mil y una noche", "Flores en el ático", "La Ilíada", "Los reyes malditos", "Canción de hielo y fuego", "El amor en los tiempos del cólera", "Cómo agua para chocolate", "Lanzas coloradas", "Doña Bárbara", entre otros que, abrieron en mi un apetito voraz en la literatura y sus límites casi inexistentes.
(Nada limita a la escritura, allí hay verdadera libertad)
Algo cambió, no se decir qué en realidad, pero mis intereses profesionales se volcaron hacia lo técnico y la escritura se relegó a algo así como una afición... Muy pronto, ya inmerso en la dinámica universitaria, lejos de mis padres y enfrentado cada día con los dilemas de la adultez y la mente de un adolescente "madurando", la escritura fue la válvula de escape ideal para una vida que no entendia, unos cambios muy rápidos y un tiempo inclemente, que no permite que uno se estacione un rato en los espejismos de la ilusión. Está suerte de catarsis, me llevó a un tiempo en que logré completar 600 poemas (todos aún anónimos) que lograron ser el desahogo más hermoso en mis 5 años de universidad.
(La inmensidad de las letras no caben en una ciudad)
Eso ya no fue así con las responsabilidades propias de la actividad laboral (ya de adulto). La cotidianidad me golpeó tan fuerte que perdí la conexión con la escritura, no tanto con la lectura, sin embargo el número de libros había disminuido drásticamente y hasta llegué a pensar que mis capacidades comunicativas por medio de la escritura se habían de alguna manera atrofiado.
(Atrofiar la capacidad de escribir es caso tan malo como talar un árbol)
Este proceso, que duró poco más de 10 años se ha estado revirtiendo gracias a Hive. Por medio de esta herramienta he vuelto a ejercitar las letras sedentarias que estaban adormecidas en mi cabeza y se han acumulado de golpe muchos temas para contar con este vasto universo de desconocidos que colman este portal, lo cual es como una gran editorial en tiempo real.
(La imaginación es una luz inagotable, solo que a veces duerme apaciblemente)
Hive, me ha devuelto el apetito de la lectura, la curiosidad por la fotografía y el mensaje que debe proyectar y sobre todas las cosas, ha sacado del letargo de la rutina, un imaginación que hoy por hoy, no se cansa de crear.
Gracias Hive!!!!