Muchas cosas han cambiado en nuestra rutina diaria, nuestro ritmo de vida se detuvo súbitamente, la escuela, el trabajo, el deporte, la recreación, nuestra vida social se ha pausado, el café con los amigos, las grandes celebraciones, el concierto de nuestro artista favorito debe esperar por un tiempo, que aun se desconoce, un simple abrazo no es posible por ahora y para que todo esto vuelva a ser como antes no hay fecha prevista, no la hay...
Pero ¿Habremos aprendido algo de todo esto? ¿En realidad pensaremos diferente? ¿valoraremos mas este maltratado planeta? ¿Dejaremos de pensar en banalidades y le daremos importancia a la familia, a la salud, al calor de un abrazo? quizás, a veces pienso que si...
Sin embargo, hace poco leí algunas críticas acerca de países donde se ha levantado el confinamiento haciendo alusión a la gran cantidad de personas que esperaban de manera impaciente la apertura de tiendas de ropa para hacer compras, en los vuelos activados recientemente no había el distanciamiento necesario entre pasajeros, lo irónico es que esto ocurre en países donde este virus golpeó fuertemente dejando mucho dolor y familias desintegradas por las pérdidas de sus miembros, ¿Es que acaso olvidamos tan pronto a los muertos y a quienes aun hoy luchan por respirar? ¿No hay miedo?
Entonces no sé si hemos aprendido, quizás aun falta por aprender en esta incertidumbre propiciada por este moustro invisible que es capaz de apagar tantas vidas, de cerrar fronteras y llevar al tercio del planeta a un confinamiento con noches y amaneceres donde solo se contempla la soledad, algo debemos y tenemos que aprender... Lo que creo que esta enseñando esta pandemia es mostrarnos lo iguales que somos y hasta insignificantes ante ella, que el dinero no vale de nada, ni la clase social, la raza, el credo no importa, ni la economía de los países más poderosos del mundo resultaron ilesas ante este flagelo.
