Aguardando en la puerta donde se divide lo táctil y lo imperecedero, entre el recuerdo que de a poco se hace olvido y se va diluyendo entre brumas por la lejanía.
El alma se convierte en viento y se torna en eco porque en los tiempos nunca fuiste una caja de pandora, eras tan predecible como el día y tan misterioso como la noche.
De tu ser nacía el ansia por beber paz, por ser la parsimonia de lo utópico
De la necesidad por mirar tu cristal refulgente, como las escamas alucinantes de la serpiente
De agudezas y precisiones entre personajes negros y perversos, esos que te arrancan la inocencia del nacer y hacen de tu vida una eterna pesadilla.
Unos más como tú, que son el cobijo de la eternidad que no hiere
Detenida en este cruce de las síntesis y los balances he hurgado en tu bondad y he guardado la distancia de tus filosas navajas, para que no sean un peligro latente.
Ya volveremos a los encuentros casuales que el destino guarde entre nosotros, quizá, con fortuna y tiempo la tersura se llene de grietas en nuestra piel
Ya me agotaré en el éxtasis de los segundos y las promesas que terminan siendo apenas un lazo que se hace invisible por la fuerza de los deseos.
Tanto que decir y debo dar vuelta a la página porque tu tinta multicolor se ha agotado
Yo te prometo que seré como tu, tinta de más historias, pero diferentes.
Es que hoy ya eres irremediable letanía y la imaginación de algo que fue un perfecto sentimiento que volvió fuego al agua y locura a la tierra, efímera volatilidad que desapareció.
Ahí te dejo en el baúl de mis recuerdos, luz intermitente de mis breves y profundas alegrías
Silencio, silencio, silencio, silencio.