No puedo creerlo aún, como alguien fue capaz de dejarte ir, como pasó que nadie antes te vio.
Después pienso, te veo, te abrazo, te hago el amor y justo ahí lo entiendo, no todos son capaces de enrollarse entre la dulzura de tu manera de querer y la lujuria que habita entre cada palmo de tu anatomía.
Tú que eres capaz de amar hasta el límite de la cordura, que sueñas con los piecitos en el piso, que haces el amor como demente, fuiste, eres y serás una chica inmarcesible que fue creada solo para quien esté dispuesto a volverse loco por ti.
Porque lo sé, eres una adicción, una droga como la amapola, eres adictiva entre cada beso, eres como un sedante con cada sonrisa dentro de mi caótica vida, eres una especie de analgésico con tu mirada para todos los males, los visibles e intangibles.
Pero tú no me mientes, conmigo te sientes más allá de tres metros sobre el cielo, el brillo en tu mirada no engaña, tus pupilas dilatadas no se ocultan cuando estamos a escasos milímetros de distancia, porque así como tú, también me voy convirtiendo en esa sustancia que te llena de euforia tus días entre cada instante que pasamos.
Soy la heroína que te desinhibe las pasiones por las noches a deshoras, ese que te vuelve loca cuando nuestros labios sienten el roce, el narcótico que te invade cuando nuestros cuerpos se entregan a sus deseos, a su felicidad de sentirse uno mismo cada que tenemos sexo con amor.
Tus latidos, tu humedad, tu encima de mi cada vez que lo hacemos revela que conmigo llegas al éxtasis, de a poquito voy siendo el calmante de casi todos tus malestares, esa sensación de embriagues donde pierdes la razón y tus sentidos para ser míos convirtiéndome en esa adictiva sensación de no dejarme, porque tú y yo somos más que piel, somos alma, y esa conexión no ocurre en mil vidas...
Somos entre amapola y heroína más que piel, somos alma.