El ser humano se caracteriza por tener sentido de pertenencia. Ese que te hace sentir que algún lugar es parte de ti, que perteneces a un sitio donde has pernoctado y te has desarrollado durante mucho tiempo. Esto sucede muy a menudo con los sitios de trabajo.
Cuando el sitio de trabajo es agradable, te da una sensación de ser más que un trabajo, un hogar, un lugar donde compartes cada día, inclusive mucho más que con las personas que conforman tu núcleo familiar.
Llegas a entablar una relación de empatía profunda, tanto con el medio como con las personas con las que compartes a diario.
Mi vida laboral comenzó a los 22 años de edad, tiempo en el que obtuve mi título universitario de Licenciada en Bioanálisis. Era alguien bastante joven para la responsabilidad que adquirí en mi actual trabajo hace ya treinta años.
Treinta años, se dice fácil, pero son bastantes, ¿verdad?, toda una vida. Una vida en la que tuve muchos aciertos como también errores, aprendizaje, evolución, obtuve conocimientos, desarrollo tanto profesional como personal, allí crecí desde todo punto de vista.
Tengo mucho que agradecer a este lugar que me dió cobijo, pues en la vida, algo esencial es ser agradecido. Agradecer lo que te rodea y enseña, bueno o malo, pero te enseña al fin y al cabo.
Tuve la dicha de ser la fundadora de este lugar del que les hablo hoy. Puse la primera piedra como quien dice, es un hijo que parí y llevé adelante hasta treinta años en que ya, tengo que soltarlo y dejarlo en otras manos cuidadoras.
A pesar de que me da mucho dolor ver en lo que malas manos gerenciales (tema que no voy a discutir en esta ocasión), lo han convertido, el lugar donde fui feliz tantos años, siempre el cariño por lo que construiste y a cambio te formó, perdura.
El día de ayer, regresé a mi trabajo después de estar en casa desde el comienzo de la cuarentena. Me dio mucha alegría ver a tantos compañeros que estimo y abrazarlos sintiendo que los extrañé muchísimo.
Ver como quienes sí estuvieron este tiempo laborando por la contingencia del virus (somos personal de salud), unidos en un cariño bonito, es una de las cosas buenas que ha dejado este tiempo.
Sin embargo, a pesar de todas estas cosas positivas, sentí que ha llegado el momento de cerrar un ciclo en mi vida.
Cerrar ciclos es aceptar que algo que te nutrió y aportó desde muchos puntos de vista, ha llegado a su final y que, debes cerrar esa puerta para que otras nuevas se abran y venga mucho desarrollo para ti.
Muchas personas no aceptan el cierre de ciclos, yo ayer confirmé que este momento ha llegado a mi vida. Cumplí como profesional de la salud, ahora tan solo quiero escribir.
Un mundo nuevo de posibilidades se abre ante mí, antes con miedos, ahora con seguridades desde mi interior.
Triunfar depende de nosotros, dejemos los miedos atrás, cerremos ciclos y abramos las nuevas puertas, los nuevos aportes a nuestras vidas, esos que nos harán crecer como personas para seguir dando lo mejor al mundo que nos rodea.
Las mejores voces son las que nacen desde el corazón...
Gracias por tomarse un tiempo para esta lectura.
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