A media asta quedó el abrazo prometido. Incompleto terminaría el gesto. Escondido y marginado porque el novato aspirante del amor ganaba más experiencia siendo un débil solitario que volviéndose la noble dependencia de la escurridiza doncella.
Recuerdo que no intentaba ganar indulgencias, tampoco era aprovechamiento para una caricia, no. En realidad, pretendía ser cobijo de paz, solo anhelaba darle un abrazo, pero en este mundo en el que las rosas y poemas no salen a flote por anticuados, no siempre logras ser medicina con forma humana para alguien más. Es solo arte dicha pretensión.
Quise, traté, busqué, procuré ser la represa que contuviera con mis brazos la inmensidad de caos que era ella en aquel momento. Y no pude, mas no me lo impidió la fuerza, ni la física o la de voluntad. Ella prefirió, en cambio, desbordar sus tormentos, creyendo que era mejor abnegarse en sus propias turbias corrientes.
Así fue. Así aún es. Intrusos recuerdos me invaden y la marea mantiene el mismo curso, mientras yo continuó rogando para que el agua no me llegue al cuello. Rezo para que la indiferencia o el olvido no sean lo que me hagan nadar a otro mar donde pueda mantenerme lejos del fondo.
El problema es que a mí me gusta la aventura. Prefiero sentir la adrenalina de morir a los pies de una sirena, que estar arriba de las olas calmadas, solo, o solamente, imaginándola.
Día 113. Bitácora del Abrazo Inconcluso
Leguas, lunas, laberintos surcaron en la bruma. Me hundía en altamar. Anhelaba apaciguar su torbellino con mis brazos. Pretendía organizar la alegría que ella fue abandonando en otras personas, en contenedores de aguas saladas de los que confeccionó océanos de lo mucho que había llorado y no se dio cuenta.
A veces, tampoco nos percatamos que es muy distinto aquello que merecemos y aquello que necesitamos. Creí merecer un abrazo, en realidad solo lo necesitaba. Ella necesitaba un abrazo, mas no lo merecía. Al menos no el mío.
Fue así que, exhausto, entumecido, con apariencia de pergamino y hundiéndome cada vez más, una estela de sol pudo darle calor a mi mirada para que yo apreciara mejor el horizonte de mi plan sin recurrir a los catalejos. Había llegado el momento de rendirse y sobrevivir. Debía socorrerme. Estaba decidido a salvarme tras reconocer mi propia señal de auxilio.
Desenmarañé la calma al darme cuenta que lo había intentando, no siempre llega el mensaje a puerto y ante la falla de transmisión, supe que la paz que ella tanto contempló en inútiles mapas, no hallaría forma ni lugar en mí.
Resulté invisible, neutro y enredado en mi capricho de entusiasta marinero.
Todos buscamos estar tranquilo y cuando lo estamos, necesitamos irrumpir la calma porque nos parece monótona. Nos gusta permanecer secos y a salvos, pero yo resulté empapado con sus remolinos y casi muerto en la ficticia aventura romántica.
Mil océanos nadé al imaginar ser la anestesia de sus brazos, soñé inyectármelos en la espalda y sentir el juego de las quijadas dándose bienvenidas, pese a que al suceder el abrazo, siempre la voz y las miradas marcan polos opuestos: irónico...
Lo peor no fue incumplir con la travesía. Morí un poco al saber que sus aguas eran tan trémulas e inmensas que ni cuenta se dio de que había salido expedido de su cercanía. No era un héroe. Ni siquiera tuve el título de cobarde, simplemente fui un traslucido nadie y eso se sentía peor.
No hay fórmulas para un nuevo acercamiento luego que la confianza se ha roto y esta puede quebrarse por todo y por nada. En este caso, responsabilizo a mi paciencia e ilusión. Juntas iniciaron un motín por la carencia de reciprocidad. No resistieron. Se agotaron...
Fui un optimista viajero durante aquellos lúgubres meses. Ahora entiendo que el amor es más lo que falla que lo que acierta.
La verdad es que estuve a punto ahogarme al no encontrarle. Casi sucumbí al proponerme darle un abrazo sincero, pero hoy, al comenzar otro viaje, vuelvo a revivirme.
Retomaré curso de una nueva alma, navegando en contrapunteo de mis buenas intenciones y mis malos planes.
¡Anhelo llegar esta vez!
El pasado 21 de enero se celebró El Día Mundial del Abrazo y hace poco, para conmemorar esta fecha, la talentosísima realizó una iniciativa para que todos los interesados en el tema usaran su creatividad para rendir honor a los abrazos.
Este escrito lo hice hace poco. Casualmente coincidió con la temática. Aunque es un poco largo, y quizás no está enfocado en una descripción total de uno, estoy seguro que tras leerlo apreciarás más el bonito gesto. ¡Te invito a que te unas!
Foto de mi Autoría | Derechos Reservados
Nikon D5200 - Lente 35 mm (Iso: 100 | F: 2,0 | 1/2000
Modelo: Rashell
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