Ajustar la hora del reloj
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Porque una de las cosas que hacía siempre el abuelo era leer en voz alta el periódico, mientras que la abuela cosía o tejía. Otra cosa que también le complacía hacer era colar el café y endulzarlo como a la abuela le gustaba. También preguntarle la hora a la abuela y luego ajustar su reloj, especialmente cuando él salía. Mi abuela miraba su reloj, le decía la hora y ahí frente a ella, llegaba el abuelo y cronometraba el suyo.
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Una vez le pregunté a mi mamá porque el abuelo hacía esto y me dijo que era porque una vez, cuando ellos eran novios, estuvieron a punto de separarse porque mi abuela se quedó esperando en la puerta del cine y mi abuelo llegó media hora después de lo convenido porque tenía el reloj atrasado. Cuando le pregunté al abuelo, me dijo que sí era por esa anécdota, pero que su reloj, aquella vez no estaba atrasado sino que era el de la abuela el que estaba adelantado.
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Por eso nadie se sorprendió cuando la abuela murió en abril y el abuelo murió en mayo. Como siempre, sus relojes de vida estaban cronometrados. Como mi abuela se fue antes, mi abuelo quedó desolado y todos los que lo veían decían: como un pajarito, quedó sin compañía y abandonado. Yo recordé lo que mi abuelo me había dicho que nunca su reloj estuvo atrasado, sino que siempre fue la abuela que a todo sitio quería llegar temprano.