El hipnotismo de los gatos
A la mañana siguiente, se despertó con el ronroneo del gato sobre la cama. Recordó cómo había llegado la noche anterior y se levantó. Mientras hacía el desayuno, Elvira cargaba el minino como si fuera un recién nacido llenando el cuerpo peludo de muchos mimos. Al terminar de hacer el desayuno, Elvira le ofreció algo de leche al felino, pero este de manera displicente, la rechazó. Le abrió un enlatado, sacó algo de carne del refrigerador, pero obtuvo la misma respuesta. De repente, el gato saltó de sus brazos y atrapó algo que se escabullía por la ventana: un pequeño roedor gris y peludo era la víctima.
Desde ese día, Elvira dejaba las ventanas abiertas para que los roedores entraran y el minino pudiera cazar sus comidas diarias. De hecho, Elvira había descubierto que el bote de basura con restos de comida era un imán para los roedores, así que a pesar del olor putrefacto en toda la casa, lo dejaba abierto allí como una perfecta trampa.
Pero un día los roedores desaparecieron de la casa de Elvira y ésta comenzó a preocuparse por el estado famélico del gato, quien, sin mucha fuerza, permanecía echado a los pies de la cama sin poder comer. Angustiada, Elvira abrió la ventana y alerta miró entre la oscuridad cuando de repente divisó un roedor. Como felina saltó y lo atrapó entre sus manos. Jubilosa se lo llevó al gato, que engulló el ratón inmediatamente. Desde ese día, Elvira y gato se dejan ver por los techos de las casas cazando sus presas para poder sobrevivir.