La carga del inmigrante
Desde que bajaron de la balsa que los traía, lo que estaban en tierra los miraron como si fueran una racha de equivocaciones, como si tuvieran una fiebre antigua marcada en el rostro, como si no fueran iguales a ellos: como si no fueran hijos de Dios.
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A los meses de su llegada, los residentes encontraron cucarachas y alimañas reproducidas por montón. Los recién llegados fueron señalados con el dedo y cuando los de Ambiente y Sanidad preguntaron por los culpables, los residentes dijeron: Ellos son.=oxo:0:oxo=
Cuando caminaban por las calles indefinidas, avergonzados de sus vestimentas y su credo, brotó una peste por todo el pueblo. Nuevamente, como si fueran una plaga, los residentes voltearon hacia ellos. Con palabras misiles, certeras y cortantes, de manera infame dijeron: "No son criaturas de Dios, vienen directamente del infierno." "Que se vayan, en este pueblo no los queremos".=oxo:0:oxo=
A los meses de su llegada, los residentes encontraron cucarachas y alimañas reproducidas por montón. Los recién llegados fueron señalados con el dedo y cuando los de Ambiente y Sanidad preguntaron por los culpables, los residentes dijeron: Ellos son.
Cuando caminaban por las calles indefinidas, avergonzados de sus vestimentas y su credo, brotó una peste por todo el pueblo. Nuevamente, como si fueran una plaga, los residentes voltearon hacia ellos. Con palabras misiles, certeras y cortantes, de manera infame dijeron: "No son criaturas de Dios, vienen directamente del infierno." "Que se vayan, en este pueblo no los queremos".
Y los inmigrantes tomaron lo poco que tenían y alzaron sus ojos al cielo, ni un gesto de amistad encontraron, solo humillaciones recibieron. Y así como llegaron, así mismo se fueron. Con ganas de trabajar y hacer suyo un pedacito de suelo, al que puedan llamar hogar, país, donde puedan hacer realidad sus sueños. Un lugar donde estar en paz y más nunca tengan que padecer el miedo.