Coleccionistas de toda la nación y sus alrededores se dan cita para escoger la mejor, la más bella y original de las orquídeas. Por supuesto que es un trabajo muy difícil si consideramos que la mayoría de estas flores, por no decir todas, son hermosas e impresionantes. Ese día, recuerdo, quedé maravillada con la variedad, para mí hasta ese momento desconocida, de orquídeas.
Para los que no lo saben, la orquídea es la flor nacional de nuestro país y cultivarla puede ser, realmente, un trabajo constante que requiere dedicación y paciencia. Cuando era niña, por ejemplo, recuerdo haber visto una mata de orquídea guindada en el tronco de un árbol. A pesar del cuidado diario que le profesaba mi abuela a aquella planta metida entre conchas de coco, jamás floreció. Jamás hubo en mi jardín una orquídea. Mi abuela se lo achacaba a que le echaba mucha agua y otras veces a que le echaba poca, a la tierra, al clima, a la luna y hasta hablaba de los malos ojos que no dejaban prosperar a la mata.
Así que ver un espacio con tantas orquídeas florecidas fue realmente una experiencia mágica. Especialmente porque encontré que la típica orquídea que conocemos, no es la única. Hay una variedad infinitas y todas son hermosas. Hay, de hecho, unas extrañas, que por su forma, color y manera en la que florece, podríamos creer que no son orquídeas, pero sí. Son orquídeas, pero diferentes a la que estamos acostumbrados.
En la vida suele ocurrir lo mismo, a veces. Estamos acostumbrado a regirnos por patrones, por fórmulas, esquemas y a meter todo en un mismo saco. No damos la posibilidad de que existan cosas diferentes a los esquemas que tenemos. Creemos que las cosas son de una sola manera y punto, desechando las miles de posibilidades que tienen una cosa, una persona, una experiencia. De una u otra forma podemos ser inflexibles.
Mirar el mundo de esta forma tan reducida no solo nos convierte en los propios ignorantes, sino que no nos permite ver más allá de lo que está a simple vista; es decir, nos limita. La posibilidad de tener diferentes perspectivas de una misma cosa, nos hace más libres y más flexibles ante diferentes circunstancias. Si creemos que algo es así solo porque así lo conocemos, nos estamos aferrando a patrones rígidos y a posturas infantiles.
Ese día, mientras veía las orquídeas, pensaba en cómo los libros, incluso, pueden promover la ignorancia y a que tengamos poca creatividad. Si a los venezolanos nos enseñaran que nuestra flor nacional tiene variedades infinitas, no quedaríamos tan incrédulos ante flores que lejos están de ser la orquídea que conocemos, y muy especialmente, tal vez estaríamos más dispuestos a ver lo que hay detrás del sol y debajo de las piedras.
La ganadora del certamen
HASTA UNA PRÓXIMA LECTURA, AMIGOS
- Todas las fotografías son de mi archivo personal y fueron tomadas con una cámara Kodak EasyShare CD82.