Malas decisiones
Cuando llegó cerca de un acantilado, él desaceleró el vehículo y sin apagarlo, volteó a verla y sin decir más nada, preguntó: por qué? Ella no dijo palabra, siguió con la mirada hacia un lado sin ver nada, luego volteó a verlo como con un infinito cansancio y habló como si leyera una sentencia:
_No quiero estridencias. Lo nuestro se acabó, desapareció. No me preguntes ni cómo ni cuándo porque no sé. Las cosas siempre se terminan y lo nuestro se acabó. No pudimos con las olas más grandes y ahora solo nos queda el desencanto. Y no me digas que no. Lo veo en tus ojos, en tus gestos: se nos pasó la borrachera de amor y hoy solo estamos con las botellas vacías tiradas por el suelo, derrumbados, sobrios y arrepentidos. Acepta que hasta aquí. Es mi decisión.
En ese instante él la miró anulado por la tristeza como si mirase un abismo, y sin decir palabra, aceleró el Volkswagen blanco, el cual empezó a descender por el precipicio como un pañuelo blanco en cámara lenta.