Retrato
Ella está ahí con su lazo grande y azul. Lleva entre sus manos un peluche marrón al que seguramente llama Tedy. Me mira fijamente y siento que hay algo en mí que es débil a ella. ¿Cuántos años tienes? ¿4, 5 años? ¿Por qué llora? ¿Por qué los perros la saludan cuando pasa? Con mi ceño fruncido observo que esconde su cara y luego me la muestra llenita de lágrimas. Las paredes blancas de la habitación se llenan de silencio y de nostalgia.
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A esta hora el teléfono está descolgado y la estufa sigue abierta. La puerta está cerrada con doble llave. Nadie podrá entrar a verme. ¿Quién esa niña que está al pie de la cama junto a mí y que ha venido a buscarme?
Yo conocí una niña como esa, ya hace mucho tiempo. Llevaba sonrisas a montones y lazos en su cabeza. Tenía los ojos grandes como un sapo y grillos en su garganta. Saltaba como una rana, tenía una cabellera que flotaba y una bicicleta que con su ausencia se oxida. Yo conocí una niña como esa. Su rostro está clavado en mi memoria. Tendrá 4 o 5 años eternamente.
Estoy quieto a esta hora oscura. Su presencia mi aquieta y me deja en paz con todo. Aunque cerrara los ojos, no dejaría de verla. Está ahí, en la otra orilla de un lamento, como si debiera cruzar un puente para alcanzarla, aunque se ve cerquita. Pero todavía es demasiado temprano para irse y me mira con sus ojos de agua y su rostro de tierra encima.
A esta hora el teléfono está descolgado y la estufa sigue abierta. La puerta está cerrada con doble llave. Nadie podrá entrar a verme. ¿Quién esa niña que está al pie de la cama junto a mí y que ha venido a buscarme?