Siente que su cuerpo arde reclamando lo que no hace.
Él pide a gritos ser encendido, pide a gritos sentir el idilio estremecer sus coyunturas, estremecer lo que desnuda.
Quiere sentir el placer de la ignición, sentirse mujer en alborozo, llamas que arden y no se consumen, que queman al vacío impune.
Llamas que quieren ser apagadas por la pasión del agua que brinda un ser amado.
Corazón que brinca en la angustia de ser la máquina de esta lasca moribunda, que siente el roce del lápiz ínclito que va a inspirar su vientre sin piedad.
Siente como el vaho olor a frutos fuertes salen de su vientre, fluidos que recorren por sus venas y la llevan a levitar.
Sus pechos suben y bajan cual agite de corredor en plena pista, el sudor moja su ropa que la asfixia y desprende sin caricias.
Como quilla siente su cuerpo de proa a popa, quiere recolar con el agua del hogaza que va a degustar, horchata el sabor el sabor del agua que la llena en hegemonía de ese estado que a ella domina queriendo hozar el hoyo donde duerme su afán.
impúdico.
Lucha con el imperativo destino que quiere callar su cuerpo ignoto que quiere llenarse del légamo húmedo de la humanidad.