Fuente
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Había una vez un niño muy pobre que tenía aproximadamente 10 años, que caminaba por la ciudad vestido andrajosamente, con zapatos rotos, que eran más grandes que sus pequeños pies.
Sucio y maloliente recorría la urbe vendiendo periódicos, por lo que sus gritos para llamar la atención de sus posibles compradores, eran constantes.
-¡¡El diariooo... El diarioooo... .compreeee el diarioooo!!.
Un hombre de buen vestir de mediana edad se detuvo frente a él y le dijo:
-¡Niño, eres muy pequeño para andar vendiendo diarios en la calle! ¿Dónde están tus padres?
El niño de carita sucia pero de mirada vivaz, respondió
-¡No tengo familia señor...me botaron cuando nací y me cuidan en un orfanato, por eso debo trabajar para comer!
El señor impresionado le vuelve a preguntar
-¿Vas a la escuela?
El niño sorprendido le responde con temor
-¡No señor! La escuela es para niños ricos...Yo soy pobre. Cuando esos niños pasan por mi lado se burlan de mí y a veces me golpean.
El hombre se arrodilla frente al pequeño y le pregunta
-¿Te gustaría ir a la escuela y tener todo como los demás niños?
El niño solo movió la cabeza afirmativamente.
Entonces el hombre le dijo
-Vamos... llévame al orfanato donde vives.
El niño con la mirada radiante de inocencia cogió la mano del hombre y se encaminaron al lugar.
La conversación entre la Directora del orfanato y el hombre fue breve y puntual.
Luego la mujer hizo pasar al niño a su oficina y le dijo
-¡Pedrito... este señor va a ser tu padrino!. Te enviará a la escuela, te comprará ropa, zapatos, cuadernos, libros y va a pagar tu alimentación, por lo tanto, ya no tendrás que vender diarios
En niño movió la cabeza afirmativamente
-¡El domingo te llevaremos a casa de este señor para que conozcas su familia, y pasarás el día con ellos!
Así ocurrió.
El niño fue acogido con amor por esa familia. Le brindaron cuidados y educación, y a la edad de 18 años se despidió agradecido de sus padrinos para seguir el rumbo de sus sueños, convertirse en marino.
Se fue a navegar, recorriendo los mares del mundo.
Un día regresó para abrazar y agradecer a sus padrinos.
Se había convertido en un brillante Ingeniero de la Marina Mercante.
Este cuento es real, el niño del que hablo fue mi padre.