Saludos, lectores de Hive.
En esta oportunidad les dejo, para su amable consideración, un texto narrativo que hace referencia a temas como la familia, la música, el color de la piel, la sexualidad... entre otros aspectos.
Espero que les guste.
Victoria, la de la piel canela
Mi padre está aquí, oculto entre el público. Hoy él ha venido a verme. Sé que él está aquí. Aunque el resplandor de los reflectores me ciega y solo veo humareda ante mis ojos, sé que me escucha en este momento cuando vocalizo sobre el escenario me importas tú y tú y solamente tú. Él le cantaba esta canción a mi madre en aquellos tiempos cuando yo era un joven que crecía de camino a la escuela.
Mi padre se hizo a sí mismo, como dice la gente cuando quiere expresar que alguien alcanza una buena posición social a fuerza de fuerza, trabajo y más trabajo. Pero no solo se hizo a sí mismo, también quiso hacerme a mí a su imagen y semejanza. Ojos negros, piel canela que me llegan a desesperar. Cuando ingresé a la universidad él insistió en que yo estudiara Derecho porque decía que un hombre debe conocer las leyes para manejarlas y usarlas a la mayor conveniencia, como él había aprendido a hacerlo en el mundo de negocios donde se desenvolvió como un tiburón toda su vida. Al principio yo le obedecí tímidamente por el gran respeto que le tengo, pero mi cuerpo protestó mandándome inequívocas señales de resistencia. Para no ir a clases de Derecho mi cuerpo se inventaba, sin que yo tuviera plena conciencia de ello, gripes, dolores y calenturas que mi madre tenía que aliviar con sus manos delicadas y pequeñas. Que se quede el infinito sin estrellas.
Ahora él está aquí viendo mi actuación, viéndome triunfar desde la oscuridad de esta sala. Sé que él está aquí, para mí su perfume es inconfundible. Después de haber aceptado, a duras penas, que yo no sería nunca el abogado que él deseaba que yo fuera, montó en cólera cuando supo que asistía a escondidas de él a la Academia de Música y Baile. Una noche me esperó tumbado en su sillón de cuero negro para decirme que me fuera de su casa, que no quería un hijo torcido que se ganara la vida cantando y bailando en teatros y tugurios de mala muerte. Mi madre salió de su habitación con el insomnio haciendo más grandes sus grandes ojos negros y se interpuso entre los dos, diciéndole a mi padre que se calmara, que él no podía controlar mi vida a su antojo. Y que pierda el ancho mar su inmensidad. Pero mi padre no se inmutó con mis razones ni con los ruegos de mi madre y yo terminé deambulando esa madrugada entre las calles y al mismo tiempo también terminé encontrando mi propio camino. Ahora soy una artista famosa. Los reflectores de los mejores teatros del mundo iluminan mi piel canela. Ahora el mundo me conoce con el nombre de Victoria, en honor a mi madre, la de la piel canela.
Hoy supe de su muerte. Hoy le hago un homenaje a esa mujer que me hizo escuchar y atender mi propia voz. Mi anciano padre ha venido a verme, lo sé, porque su olor lo delata y porque estoy escuchando los sollozos que solía escuchar cuando él le cantaba a Victoria pero el negro de tus ojos que no muera y el canela de tu piel se quede igual...